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Nueces y soja, para bajar el colesterol

Martes, 13 de Septiembre de 2011

Las personas con una dieta rica en alimentos que reducen el colesterol, como frutos secos, soja, aguacate, aceite de oliva y avena, vieron reducir más su colesterol que las personas con una dieta baja en grasas, según un estudio realizado en Canadá.

Después de seis meses de una dieta que incluía específicamente alimentos que reducen el colesterol, el estudio mostró que las personas experimentaron una caída del 13% de lipoproteínas de baja densidad (LDL, o colesterol “malo”).

Los que tuvieron una dieta con alimentos bajos en grasa, incluyendo opciones de alto contenido de fibra y granos enteros, registraron una caída de apenas 3% del colesterol LDL, dijo el informe publicado en la revistaJournal of the American Medical Association.

“Este trabajo indica el potencial beneficio de combinar reconocidos alimentos para reducir el colesterol”, dijo el estudio.

El estudio se hizo en cuatro lugares diferentes de Canadá -Quebec, Toronto, Winnipeg y Vancouver- e incluyó 351 participantes con niveles elevados de colesterol.

Quienes seguían el régimen dedicado a reducir el colesterol se dividieron en dos grupos -uno con dos sesiones de asistencia nutricional y otro con siete visitas a la clínica en más de seis meses-, pero ambos arrojaron resultados muy similares.

El estudio no restringió las calorías ni proporcionó alimentos a las personas. Todos los participantes perdieron una cantidad similar de peso -de 1,2 a 1,7 kilos- durante el estudio.

Los alimentos incluidos en el grupo para reducir el colesterol fueron extraídos de una lista de la FDA, la agencia norteamericana que regula los alimentos y medicamentos, recomendados para una mejor salud cardiaca.

La FDA sugiere en ese listado el uso de aceite de oliva en lugar de mantequilla, y productos con margarina enriquecida con esteroles vegetales que ayudan a bloquear la absorción de colesterol.

Además, el listado incluye alimentos como aguacate, avena, soja, tofu, frijoles, lentejas, almendras, avellanas, cacahuetes, pistachos y nueces.

El estudio tuvo una alta tasa de deserción en general -un 22,6%- aunque señaló que ésta “es común” en los estudios que involucran dietas con cierta intensidad.

Otro inconveniente del estudio fue la predominancia de personas blancas de peso moderado con bajo riesgo de enfermedades cardiacas. Por lo tanto, “se desconoce” si se observa un efecto similar en pacientes de más alto riesgo, con sobrepeso u obesidad.

Fuente: Infobae.com

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La quinoa

Jueves, 10 de Febrero de 2011

EL TESORO OLVIDADO DE LOS INCAS

Porque no brillaban como el oro y las piedras preciosas de las ricas tierras del Nuevo Mundo, los conquistadores miraban con desdén las semillas coloridas de unas plantas veneradas por los habitantes autóctonos del altiplano andino. “Comida de indios” decían despectivamente, y lo siguen diciendo hasta hoy muchos latinoamericanos de las clases altas, ignorando que se trata de uno de los tesoros más valiosos heredados de las culturas precolombinas.

Calificados como los mejores alimentos de origen vegetal para el consumo humano en un estudio realizado en 1975 por la Academia de Ciencias de Estados Unidos, y seleccionados por la NASA para integrar la dieta de los astronautas en los vuelos espaciales de larga duración por su extraordinario valor nutritivo, la quinoa y el amaranto, resurgen hoy como los cultivos más promisorios del siglo XXI.
Vestigios arqueológicos demuestran que estos “supercereales” formaban parte de la alimentación diaria de las culturas de incas, aztecas y mayas con anterioridad a la colonización española, junto con el maíz, los frijoles o las patatas, pero mientras estos últimos se extendieron al mundo entero en los
quinientos años siguientes, las “semillas sagradas” cayeron en el olvido.

Vinculados estrechamente al rito y la leyenda, la quin0a y el amaranto -junto con otras decenas de variedades de plantas alimenticias cultivadas con esmero por aquellas civilizaciones- fueron relegados a las comunidades rurales, sustituyéndose por otros cultivos consumidos por los conquistadores extranjeros, mientras los agricultores eran forzados a trabajar en las minas buscando oro y plata.

Según los investigadores que comenzaron a estudiarlos de nuevo en las últimas décadas, su valor nutritivo -sólo comparable con la leche materna- los convierte en los alimentos más completos y más balanceados, muy superiores a los comestibles de origen animal, como la carne, la leche, los huevos o el pescado.

Ambas plantas muestran un alto contenido de proteínas, carbohidratos, minerales y vitaminas, que las hacen especialmente útiles para la alimentación de personas que realizan grandes esfuerzos físicos, de atletas, de niños y mujeres embarazadas. La calidad de sus proteínas las hace únicas, al integrar una decena de aminoácidos esenciales que el organismo humano no es capaz de sintetizar de por sí. Entre los mismos se destacan la lisina, que juega un papel importante en el desarrollo del cerebro y en el crecimiento y se asocia a la inteligencia y a la memoria, así como la metionina, de extraordinaria importancia para el metabolismo de la insulina.

Su fácil digestibilidad los convierte en un reconstituyente por excelencia, ideal para la alimentación de enfermos convalecientes o niños con síntomas de desnutrición crónica.

A la vez su bajo contenido de gluten posibilita la elaboración de alimentos dietéticos, y su sabor agradable facilita su combinación con otros alimentos

para introducirlo con más facilidad en la cocina de cualquier país del mundo.

La Quinoa o Quinua, de nombre botánico “Chenopodium quinoa Willd”, se cultiva

desde hace más de cinco mil años, según testimonian los granos encontrados junto a las momias enterradas en toda la región andina que se extiende desde la sabana de Bogotá hasta el norte de Chile y Argentina, en zonas semiáridas, a más de tres mil metros de altura sobre el nivel de mar, en la región del altiplano andino de América del Sur desde tiempos ancestrales. Los antiguos Incas lo llamaron El Grano Madre y la veneraron como planta sagrada. Su cultivo es totalmente orgánico y por lo tanto, sin el uso de sustancias químicas: pesticidas, plaguicidas, abonos químicos, etc. Además para su cultivo se necesitan unas condiciones climáticas muy específicas, principalmente una altura sobre el nivel del mar superior a 3000 metros, lo que explica que fuera utilizada por los indígenas como alimento base, en lugar del arroz que no podía cultivarse en estas condiciones. 

Luego de medio siglo de olvido, las plantas sagradas enfrentan hoy intentos de biopiratería, capaces de evitar que la región andina -asiento de una de las civilizaciones más avanzadas del mundo en otras épocas, convertida en una de las zonas de América Latina con mayor incidencia de pobreza, migración, producción de drogas y violencia social- llegue a beneficiarse del extraordinario valor económico de estos alimentos.

El redescubrimiento de este tipo de alimentos olvidados podría contribuir a paliar el hambre en las zonas más desfavorecidas del planeta y eliminar la dependencia excesiva de la humanidad de unos pocos cultivos, que amenaza la seguridad alimentaria y debilita nuestros organismos precisamente en una época en que la contaminación ambiental nos hace menos resistentes a las enfermedades.

 

Comparada con otros granos y hortalizas, es muy alta en proteínas, calcio y hierro. Un investigador ha dicho “mientras ningún alimento por sí solo puede suministrar todos los nutrientes esenciales para la vida, la Quinua es igual o más completa que muchos del reino vegetal y animal”.

La quinoa es una semilla pequeña. Su tamaño, forma y color se parece al cruce de una semilla de sésamo (ajonjolí) con una de mijo. Tiene forma de disco plano con una banda ecuatorial alrededor de su periferia. Tiene un color amarillo sin brillo pero unas especies varían de casi blanco a rosa, naranja o de rojo a púrpura y negro. La quinoa no es propiamente un cereal aunque forme granos o semillas, es una planta anual de hojas anchas perteneciente a la familia de las quenopodiáceas, a la que también pertenecen la remolacha, las espinacas y las acelgas. Además de las semillas, también se aprovechan las hojas cocinadas como verdura fresca y crece de tres a seis pies de alto; al igual que el mijo, sus semillas están en racimos grandes al final del tallo.

Las semillas están cubiertas de saponinas (sustancias resinosas) que son amargas y que forman una solución jabonosa en el agua. Algunos tipos de granos de trigo podrían acercarse a la riqueza de proteínas de la quinoa, pero cereales tales como la cebada, el maíz y el arroz generalmente tienen menos de la mitad de sus proteínas. Además la quinoa, tiene un buen balance de aminoácidos a partir de los cuales se generan las proteínas. 

La quinoa, es excepcionalmente alta en lisina, un aminoácido no muy abundante en el reino vegetal. Contiene todos los aminoácidos esenciales, particularmente arginina e histidina, que son muy apropiados para la alimentación infantil. En resumen. la quinoa posee la mayor proporción y mejores proteínas respecto del resto de cereales, es rica en Ácidos grasos y minerales (es una fuente de vitamina E y de varias vitaminas del grupo B).

Fue el alimento básico de los Incas durante miles de años hasta la llegada de los conquistadores, que sustituyeron su cultivo por el de maíz y patatas. Hoy día vuelve a cultivarse en los Andes, en Inglaterra y algunas de sus variedades, en diversos países.

Siembra y cosecha
La siembra se realiza entre septiembre y diciembre, la misma época en que era realizada por los antiguos incas y se cosecha entre los meses de abril y junio.

Algunas de sus características…
Es un alimento de fácil digestión y se puede hacer germinar en poco tiempo. Su sabor recuerda bastante al del arroz integral, aunque su textura es mucho más fina recordando al cuscus. Su larga conservación se debe a la presencia de una saponina que protege el grano del ataque de parásitos o insectos, que sólo desaparece al lavarse con abundante agua.

Valor nutritivo
Es rica en hidratos de carbono, proteínas de alto valor biológico que contienen todos los aminoácidos esenciales, grasas insaturadas, minerales y vitaminas. Además aporta fibra y no contiene gluten, por lo que pueden tomarlo las personas que tienen celiaquía o intolerancia al gluten, salvo cuando se mezcla con harina de trigo para hacerla panificable (pan de quinoa).

Principales componentes de las semillas
341 calorías por 100 g, proteínas de alta calidad (14%), hidratos de carbono (60%), gomas (4%), grasas (5% ), fibra (7%), minerales (calcio, fósoforo, hierro, magnesio) y vitaminas (C, E, B1, B2 y niacina).

Cocción del grano
Se cocina igual que el arroz, es decir, tres medidas de agua por una de quinoa, sin olvidar que hay que lavarla bien con agua antes de cocerla, con el fin de eliminar la saponina que es incomestible. Lo mejor es poner el agua sola a hervir y cuando arranca el hervor, añadir la quinoa, bajar el fuego al mínimo y tapar la cacerola, dejando transcurrir un tiempo de entre 12 y 15 minutos. Es preferible añadir la sal cuando ya está acabada la cocción.

Otro método que mejora su sabor consiste en tostar la quinoa en una sartén con aceite removiendo constantemente y una vez dorada, cocerla como se indicado anteriormente. De este modo adquirirá un sabor que recuerda al de las nueces.

Principales indicaciones terapéuticas
Afecciones catarrales e infección de las vías urinarias (por su aporte de nutrientes, los cuales inciden positivamente en nuestro sistema de defensas) y como alimento en dietas vegetarianas, para aportar proteínas de alta calidad.

 

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Confirman que alimentarse sano ayuda a vivir más años

Miércoles, 5 de Enero de 2011

evitar-comidas-regularidad-suprimir-adelgazar_claima20110102_0117_4Hay nuevos resultados científicos que pueden motivar a los que se proponen alcanzar el peso ideal para su propio cuerpo como meta para el nuevo 2011. Se hizo un estudio en la Universidad de Maryland, en los Estados Unidos, a través del seguimiento de los hábitos alimentarios de 2.582 adultos mayores durante diez años, e indicó que la dieta poco saludable aumenta el 40% el riesgo de mortalidad. Es decir, comer bien alarga la vida, incluso en personas mayores .

El trabajo, que se publica en la revista de referato Journal of the American Dietetic Association , consistió en monitorear a los participantes que tenían entre 70 y 79 años, según sus patrones de alimentación. “El estudio demuestra que –al igual que desde la infancia como en el séptima década de la vida–, cuando se comen menos grasas, y más vegetales, granos enteros, carnes magras, se prolonga la vida y mejora su calidad. Esto es porque al adoptar un buen plan de alimentación se reduce el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y cáncer, que son dos importantes causas de muerte ”, comentó Susana Gutt, jefa de nutrición del Hospital Italiano de Buenos Aires, al ser consultada por Clarín .

Tras el seguimiento de una década, se los dividió en seis grupos. Del total de los participantes, 374 mantuvieron principalmente el consumo de alimentos saludables: registraban una alta ingesta de alimentos descremados, frutas, granos enteros, pollo, pavo, pavita, pescado, y vegetales. A la vez, tenían un bajo consumo de carnes, frituras, dulces, alimentos grasos (como los fiambres) y también bebidas azucaradas.

En otro grupo se incluyó a los que consumían productos lácteos enteros, y helados con pobre ingesta de aves, productos bajos en grasas, arroz y pastas. Un tercer grupo estuvo integrado por los que consumían muchas carnes, frituras y alcohol. El resto de los grupos estaba formado por aquellos que consumían cereales en el desayuno, granos refinados, y dulces y postres.

Al analizar los patrones alimenticios y al evaluar el estado de salud de los participantes, se estimó que las personas que seguían una alimentación con productos lácteos enteros tenían un riesgo de mortalidad 40% mayor a las personas que consumían sólo alimentos saludables. En tanto, el grupo de los que consumían más dulces y postres tenían un 37% más de riesgo de mortalidad . Y no hubo diferencias significativas sobre el riesgo de mortalidad entre los grupos de “comidas saludables”, los del “desayuno con cereal”, y los “granos refinados”.

Con más consumo de alimentos saludables, se suman entonces años de vida. Aunque no se trata de realizar prohibiciones. Desde la Sociedad Argentina de Nutrición se recomienda olvidar el concepto de “dieta” porque significa “rigidez y monotonía”, para dar reemplazarlo por un planteo más integral : incorporar mejores hábitos de vida que hagan posible el mantenimiento de un peso menor. Un programa que debe tener cuatro componentes principales: un plan de alimentación de calorías controladas, (adaptado a cada situación individual, y que resulte placentero), aprender a comer, realizar actividad física, como caminatas rápidas diarias, y buscar ayuda de un profesional, para sostener las ganas a largo plazo.

El mejor peso posible para cada persona no es una cifra determinada arbitrariamente, sino que es un resultado de haber establecido hábitos de comer moderadamente y estar activo.

Cuando se ajustan las calorías para adelgazar, es muy importante la selección de alimentos por su calidad nutricional.

En definitiva, según los especialistas: “Se puede comer un poco de todo, pero sin exagerar en porciones y cantidades”.

Fiestas: el adiós a los excesos

“Durante las Fiestas, algunos sienten un deseo irrefrenable frente a los dulces”, afirmó Rosa Labanca, directora del centro asistencial de la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios. “Tras ese consumo exagerado de calorías, lo mejor son frutas, verduras y mucha agua por 3 días. Después, agregar porciones de pollo y pescado e intentar mantener una alimentación saludable. Esto ayudará a dejar atrás la alimentación adictiva”.

Fuente: Clarín

Recetas para la buena alimentación 7

Viernes, 26 de Noviembre de 2010

Budín de pan con manzanas

. 6 tazas de miga de pan integral en trocitos.

. 400 cc de agua o jugo de naranjas.

. 2 cdtas. de café instantáneo descafeinado.

 175 grs. de azúcar integral rubia.

. 2 cda. de ralladura de limón.

. 1 cda. de canela en polvo.

. 6 cdas. soperas colmadas de fécula de maíz.

. 50 grs. de pasas de uva.

. 3 manzanas rojas grandes.

. 200 grs. de azúcar rubia para el caramelo.

Preparación: Colocar en una olla, el jugo, el pan, el café, el azúcar y la ralladura, llevar al fuego y mezclar con cuchara de madera hasta lograr una pasta. Retirar del fuego y agregar el vainillín, la canela, pasas, manzanas en cubitos y fécula de maíz, acaramelar una budinera y cubrir con la preparación. Llevar la misma a baño maría en horno moderado durante 1 hora, dejar enfriar y desmoldar.

Rinde 12 porciones.

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Los líquidos, otra causa de obesidad

Martes, 16 de Noviembre de 2010

En términos energéticos, diariamente podemos estar ingiriendo inadvertidamente un plato de comida extra que no registramos: son las calorías que absorbemos en forma de líquidos e infusiones azucarados, que tomamos para calmar la sed y para los que nuestro organismo no tiene mecanismos adecuados de control de la saciedad.

Esta es una de las sorprendentes conclusiones que arroja el primer estudio poblacional sobre hidratación de los argentinos, encargado por el Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni) a Gallup y que acaba de presentarse en el Congreso Argentino de Obesidad y Trastornos Alimentarios. La encuesta, que abarcó a 800 personas de hasta 65 años de grandes centros urbanos y contó con financiación del grupo Danone, muestra que de los aproximadamente dos litros y medio de líquidos que tomamos diariamente, el 50% son bebidas con sabor e infusiones azucaradas; el 29%, bebidas e infusiones sin azúcar, y el 21%, agua.

“Durante una semana, les pedimos a los participantes que anotaran, cada vez que abrían la boca, qué ponían en ella y qué tomaban -cuenta el doctor Esteban Carmuega, director de Cesni-. Reunimos 65.000 registros, correspondientes al consumo de 11.000.000 de mililitros de líquidos, que se clasificaron de acuerdo con su contenido de azúcar. El muestreo se hizo durante noviembre de 2009 y trabajamos un año en el análisis de los datos. Esto nos permitió detectar el importante factor de riesgo para la obesidad que representan las calorías que se ingieren en las bebidas.”

Según explica el especialista, en la naturaleza prácticamente no hay bebidas cargadas de calorías, salvo la leche de los mamíferos. Tal vez por eso, nuestra especie no desarrolló mecanismos adecuados para el control de la saciedad en los líquidos, como sí posee para los alimentos sólidos.

Por debajo del radar

“Esto nos impone la necesidad de evaluar cómo nos hidratamos, con qué elementos lo hacemos y cuál es el aporte de calorías que acompaña a esa necesidad primaria, que se anticipa a la búsqueda de alimentos”, afirma.

Para los seres humanos, la hidratación es una prioridad. Podemos vivir varios días sin comer, pero sólo unos pocos sin agua. Se calcula que basta una subhidratación de apenas el 3% del peso corporal, antes de que se dispare la sed, para que se detecten trastornos en la respuesta cognitiva, por ejemplo.

Según indica el estudio, el 46% de los actos de consumo alimentario de los argentinos corresponden a bebidas, y el aporte oculto de calorías proveniente de las azucaradas representa entre el 9 y el 15% del total diario. “Equivale a entre 200 y 400 calorías «vacías» extra, lo que excede las cantidades de carbohidratos simples recomendados por la Organización Mundial de la Salud, que no debería exceder el diez por ciento -explica Carmuega-. Las bebidas e infusiones cubren más que esa cantidad, y a eso habría que agregarle las mermeladas, las golosinas, las harinas que contienen azúcar, las galletitas, etcétera. Es decir que hay una proporción de calorías que no reconocemos como tales, pero que podrían ser foco de una rápida acción de educación alimentaria con resultados relativamente tempranos simplemente reemplazándolas por bebidas sin calorías.”

Otros hallazgos del estudio Hidratar indican que:

 

  • El 46% de los actos de alimentación de los argentinos corresponden a la necesidad de hidratarse.

 

 

  • La preferencia por las bebidas dulces es mayor entre los chicos y adolescentes que entre los adultos.

 

 

  • El 49% de los argentinos endulza las infusiones con azúcar.

 

 

  • Tres cuartas partes de los argentinos prefieren sus infusiones dulces, y tres cuartas partes de estos las endulzan con azúcar.

 

 

  • El 70% del consumo de líquidos se registra a la hora de las comidas.

 

 

  • El consumo de agua crece con el nivel de instrucción.

 

“Aquí hay un mensaje clave -dice Carmuega-: lo que hay que hacer es dar el ejemplo de que en la mesa se toma agua. No sólo porque de esa manera se evita que las calorías vacías de las bebidas compitan con las de los alimentos, sino también porque vamos educando a detectar la sensación de saciedad.”

Para el investigador, dado que el cuerpo no tiene depósitos de agua, pero la pierde constantemente, durante la respiración, a través de la piel en los ambientes cálidos y en la actividad física, la bebida lógica y natural para reponerla es el agua. “De cualquier origen -dice Carmuega-: corriente, de pozo, con gas, sin gas… pero agua. Cuando uno le agrega sabor al agua, le suma una dimensión sensorial, que está bien siempre que no incluya calorías ocultas para las cuales nuestro organismo no está preparado. Sin embargo, las bebidas e infusiones endulzadas incluso con edulcorantes artificiales educan nuestro paladar en la preferencia de sabores más dulces, algo que deberíamos considerar seriamente en el momento de educar a los niños.”

Si se tiene en cuenta que basta un desbalance de apenas el 1% entre nuestro consumo y nuestro gasto energético para justificar un aumento de 15 kilos en diez años, se comprenderá rápidamente el peso del aporte calórico oculto en las bebidas. “Hay que desacostumbrarse del gusto dulce”, resume Carmuega.

Fuente: La Nación

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La quinoa, una nueva “estrella” del mundo de los vegetales

Lunes, 1 de Noviembre de 2010

Donde nada crece, la quinoa está de pie. En los altos desiertos de los Andes o en los llanos pampeanos, con temperaturas bajo cero o que superan los 30º, este pseudocereal altamente nutritivo sólo quiere vivir. Este “grano madre”, como lo llamaban los incas, soporta estoico condiciones extremas y logra desarrollarse en terrenos tan salinos como el mar, según demostraron recientemente científicos de la Argentina y Alemania.

“Las plantas de quinoa fueron sometidas durante el desarrollo a diferentes niveles de salinidad. Algunas recibieron hasta 500 milimoles de cloruro de sodio, es decir, como si crecieran en agua de mar. Los cultivos crecieron y produjeron semillas de calidad”, sintetiza la doctora Sara Maldonado, quien junto con otros biólogos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (FCEN-UBA) y junto con científicos del Institute for Plant Ecology, Justus-Liebig-University of Giessen, de Alemania, llevaron adelante el experimento. De aspecto parecido al mijo, 350 semillas de quinoa apenas pesan un gramo, pero resultan muy nutritivas, a tal punto que la Organización para la Agricultura y Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) la promueve como alimento alternativo de alto nivel nutricional: contiene el doble de proteínas que los cereales habituales, menos carbohidratos, vitaminas del grupo B, y muchos minerales como hierro, calcio y fósforo.

“Junto con investigadores de Chile hemos trabajado en un proyecto de la Academia de Ciencias del Tercer Mundo (TWAS), de la FAO, en Mali, Africa, en lugares donde cuesta conseguir alimentos, y a cuatro meses de plantarla en zonas desérticas se obtuvieron estas semillas, las cuales fueron distribuidas para ser incorporadas en las comidas tradicionales”, añade Maldonado desde el Departamento de Biodiversidad y Biología Experimental en la Ciudad Universitaria. “Cultivos de quinoa están siendo impuestos en todo el mundo”, indica.

Con un balance excepcional entre aceites, proteínas e hidratos de carbono, esta semilla que en los Andes se conoce desde hace casi 7000 años ahora es centro de miradas de todo el mundo, e incluso la NASA la incluyó dentro de su programa de viajes espaciales. “Si uno mira las revistas científicas, han explotado las investigaciones sobre la quinoa”, indica Hernán Burrieza, de FCEN-UBA.

El secreto de su éxito

El equipo argentino desde 1998 no pierde detalle de esta especie, que presenta hasta 3000 variedades conservadas en bancos de germoplasma de América del Sur. Recientemente, ellos han puesto su atención en las dehidrinas, unas proteínas que se encuentran en las semillas y que se han postulado como protagonistas con un rol importante en el mecanismo de adaptación en situaciones difíciles de sortear por la planta, como la sequía, el frío y la salinidad.

“La idea es utilizar las dehidrinas como marcadores que permitan determinar según sus particularidades qué variedad sirve para determinado lugar”, anticipa Maldonado.

En este sentido, Burrieza señala: “Ya tenemos identificadas variedades resistentes y sensibles a la salinidad. Ahora empezamos a estudiar aquellas resistentes al estrés hídrico o sequía y al frío”. Aun en condiciones extremas de sal, “la quinoa dio semillas viables, un poco más chicas, pero que se pueden comer”, añade.

Se postula que las dehidrinas resguardan la planta en situaciones adversas. “El impacto más grande producido por el estrés salino lo sufren hojas y raíces para proteger la semilla. Es como la madre que privilegia los recursos para su bebe a costa de su propio cuerpo. La planta aguanta el embate para poder reproducirse. Por lo tanto, la semilla sirve para comercializarse”, coinciden los investigadores.

Estas semillas valoradas por los incas siembran un futuro de posibilidades. “Los genes de estas plantas tienen un potencial impresionante porque pueden ser utilizados para dar resistencia a otros cultivos”, concluye Burrieza.

Centro de Divulgación Científica de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA

Fuente: La Nación

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Recetas para la buena alimentación 6

Domingo, 3 de Octubre de 2010

Alfajores integrales

. 160 grs. de zapallo previamente hervido y hecho puré.

. 200 grs. de harina integral fina.

. 100 grs. de avena gruesa.

. 2 cdas. de harina de chía.

. 150 grs. azúcar integral tipo mascabo (azúcar rubia).

. 100 cc de aceite de girasol.

. 5 cdas. de vainillín.

. Agua en cantidad necesaria.

Para el relleno:

. Membrillo pisado (hecho puré).

. Coco para los bordes.

Preparación: Mezclar todos los ingredientes, y con ayuda de muy poca agua, lograr una masa blanda. Con un poco de harina ir estirando la misma y cortando con un molde redondo cada una de las piezas ubicándolas en una lata enharinada. Cocinar a horno medio por aproximadamente 8, retirar y dejar enfriar. Ir armando los alfajores con el dulce de membrillo y el coco.

Rinde 14 unidades.

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Recetas para la buena alimentación 5

Viernes, 1 de Octubre de 2010

Arrollado de choclo

Para la masa:

. 200 grs. de harina leudante.

. 50 grs. de germen de trigo.

. 4 cdas. de aceite de oliva.

. Agua en cantidad necesaria.

Para el relleno:

. 1/2 taza de aceitunas picadas.

. 1 taza de choclo desgranado.

. 6 cdas. de azúcar integral.

. 2 zanahorias picadas en cubitos muy pequeños.

. Sal marina a gusto.

. 1 pimiento rojo bien picado.

. 6 cdas. de fécula de maíz.

. Agua hasta cubrir.

Para la masala o condimentación:

. 1 cda. de mostaza negra.

. 1 cda. de curry en polvo.

. 1 cdta. de ají molido.

. Aceite para el fondo de cocción.

Preparación: En un bol, mezclar la harina con el germen, el aceite y el agua, hasta lograr una masa suave y algo pegajosa, reservar mientras prepara el relleno. En un wok u olla, colocar el aceite o ghee (opcional), calentarlo e incorporarle la mostaza, tapando la olla, esperar que la misma comience a saltar, retirar del fuego y agregar los demás condimentos, colocar los vegetales del relleno, el azúcar, la sal y el agua hasta cubrir todo, llevarlo a hervor y cuando el choclo esté blando (7 minutos) incorporarle la fécula para absorber todo el líquido restante, revolviendo enérgicamente para que no se formen grumos, retirar del fuego, esperar que se enfríe y moler con licuadora, trituradora de mano, etc. Espolverear harina sobre la mesada y con ayuda del palote, estirar la masa en un rectángulo de 30 x 50 cm aproximadamente, aceitar una lata de horno, acomodar la masa y en el centro de la misma, disponer el relleno, más las aceitunas, cerrar como envolviendo un regalo, pintar con pincel y agua la superficie del arrollado espolvoreando semillas de sésamo, lino, girasol o amapola.

Rinde 6 porciones.

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Por qué la comida chatarra es adictiva

Lunes, 27 de Septiembre de 2010

burgerkingns01Recientes estudios demuestran que los alimentos con alto contenido de azúcar, grasas y sal tienen un efecto similar al de la cocaína.
LONDRES.- Instalado en el sofá, mirando televisión, siento esa predecible e incontrolable necesidad nocturna. Al principio me quedo ahí sentado, intentando resistirla. Pero cuando más me resisto, más acuciante se vuelve. Después de 20 minutos, ya no puedo concentrarme en nada. Finalmente, termino por admitir mi adicción y me quiebro. Voy hasta el freezer, donde atesoro mi provisión de sustancia blanca, y me doy un saque. Casi instantáneamente, me relajo, y a medida que los químicos recorren mis venas, mi cerebro entra en un estado de absoluta felicidad. ¿No es increíble que un par de cucharadas de helado logren ese efecto?.

Antes de que desestimen mi ansiedad como pura debilidad, consideren lo siguiente: para mi cerebro, el azúcar es semejante a la cocaína. Existe evidencia contundente de que los alimentos con alto contenido de azúcar, grasa y sal -como la mayor parte de la comida chatarra- pueden provocar en nuestro cerebro las mismas alteraciones químicas que producen drogas altamente adictivas como la cocaína y la heroína.

Hasta hace apenas cinco años, esa era una idea considerada extremista. Pero ahora que estudios realizados en humanos confirman los hallazgos hechos en animales, y que se han descubierto los mecanismos biológicos que conducen a la “adicción a la comida chatarra”, esa noción se está convirtiendo rápidamente en la opinión oficial de los investigadores.

Algunos dicen que hoy existe suficiente información para garantizar que el gobierno regule la industria de la comida rápida y alerte a la opinión pública sobre los productos que contienen azúcar y grasas en niveles nocivos para la salud. “Debemos educar a la población sobre el modo en que las grasas, el azúcar y la sal toman al cerebro de rehén”, dice David Kessler, ex comisionado de la Administración de Alimentos y Drogas, de los Estados Unidos, y actual director del Centro para las Ciencias de Público Interés.

Con los niveles de obesidad batiendo récords en todo el mundo, queda claro que no soy el único que adora las cosas dulces, ¿pero puede ser tan malo como la adicción a las drogas?

Síndrome de abstinencia

Los primeros que presentaron esta idea fueron los representantes del negocio de la pérdida de peso. En 2001, intrigados por ese incipiente fenómeno cultural, los neurocientíficos Nicole Avena, de la Universidad de Florida, y Bartley Hoebel, de la Universidad de Princeton, comenzaron a explorar la posibilidad de que esa idea tuviera un sustento biológico. Y empezaron observando signos de adicción en animales alimentados con comida chatarra.

El azúcar es un ingrediente clave de la mayoría de la comida chatarra, así que alimentaron ratas con jarabe de azúcar en una concentración similar al de las bebidas gaseosas, durante unas 12 horas diarias, junto con alimentos normales para ratas y agua. Al mes de consumir esta dieta, las ratas desarrollaron cambios cerebrales y de comportamiento químicamente idénticos a los ocurridos en ratas adictas a la morfina: se daban atracones de jarabe de azúcar y cuando se lo quitaban, se mostraban ansiosas e inquietas, todos signos de abstinencia. También se verificaban cambios en los neurotransmisores del núcleo accumbens, la región del cerebro asociada con la sensación de recompensa.

Pero el hallazgo crucial se produjo cuando advirtieron que el cerebro de las ratas liberaba dopamina cada vez que comían la solución de azúcar. La dopamina es el neurotransmisor que se encuentra detrás de la búsqueda del placer, ya sea en la comida, las drogas o en el sexo.

Es también una sustancia química esencial para el aprendizaje, la memoria, la toma de decisiones y la formación del circuito de satisfacción y recompensa. Para Avena, lo esperable sería que la descarga de dopamina se produjera cuando las ratas comen algo nuevo, pero no cuando consumen algo a lo que ya están acostumbradas. “Esa es una de las marcas distintivas de la adicción a las drogas”, asegura.

Esa fue la primera evidencia firme de que la adicción al azúcar tenía un sustento biológico, y desencadenó una catarata de estudios sobre animales que confirmaron el hallazgo. Pero fueron los recientes estudios en humanos los que finalmente volcaron la balanza de la evidencia a favor de etiquetar la afición por la comida chatarra como una adicción.

Suele describirse la adicción como un trastorno del “circuito de recompensa” desencadenado por el abuso de alguna droga. Es exactamente lo mismo que sucede en el cerebro de las personas obesas, dice Gene-Jack Wang, del Laboratorio Nacional Brookhaven, del Departamento de Energía de Estados Unidos.

En 2001, Wang descubrió una deficiencia de dopamina en los estriados cerebrales de los obesos que era casi idéntica a la observada en drogadictos. En otros estudios, Wang demostró que incluso los individuos que no son obesos, frente a sus comidas favoritas, experimentan un aumento de la dopamina en la corteza orbitofrontal, una región cerebral involucrada en la toma de decisiones.

Es la misma zona del cerebro que se activa en los cocainómanos cuando se les muestra una bolsita de polvo blanco. Fue un descubrimiento impactante que demostró que no hace falta ser obeso para que el cerebro manifieste conductas adictivas.

Riesgo innato

Otro significativo avance para determinar el carácter adictivo de la comida chatarra se debe a Eric Stice, neurocientífico del Instituto de Investigaciones de Oregon. Stice viene intentando predecir la propensión a convertirse en adicto a la comida chatarra. Para ello observa, por ejemplo, la respuesta del cerebro cuando a una persona se le da una cucharada de helado de crema y chocolate. Luego compara esa actividad cerebral en individuos obesos y delgados.
Stice descubrió ante el helado que los adolescentes delgados con padres obesos experimentan una mayor descarga de dopamina que los hijos de padres delgados. “Hay gente que nace con una sensación más orgásmica por la comida”, dice Stice. Ese placer innato por la comida impulsa a ciertas personas a comer de más.

Irónicamente, justamente porque comen de más, su circuito de recompensa comienza a acostumbrarse y a responder cada vez menos, provocando que la comida cada vez los satisfaga menos e impulsándolos a comer cada vez más para compensar. En el fondo, lo que están buscando es repetir el clímax logrado en sus experiencias gastronómicas anteriores: precisamente lo mismo que se observa en los alcohólicos y drogadictos crónicos, dice Stice.

Pero la comida rápida es mucho más que un atracón de azúcar, ya que suele combinar un pesado cóctel de azúcares, grasas y sal. El neurocientífico Paul Kenny, del Instituto de Investigaciones Scripps, investiga el impacto de una dieta de comida chatarra en el comportamiento y la química cerebral de las ratas. En un estudio demostró que desencadena los mismos cambios en el cerebro que los causados por la adicción a las drogas en los humanos.
En los animales, como en los humanos, el consumo sostenido de cocaína o heroína atrofia el sistema de recompensa cerebral, lo que conduce a un incremento de la dosis, ya que el recuerdo de un efecto más placentero incita a consumir más para sentir lo mismo, o incluso superarlo.
Kenny si preguntaba si las ratas que comieran comida chatarra responderían de igual modo que las ratas adictas a la cocaína. Utilizó tres grupos de ratas. El primero sólo tenía acceso a comida para ratas común. El segundo podía comer comida chatarra durante una hora al día y el resto del tiempo tenía agua y comida común a su disposición. El tercer grupo contaba con una provisión ilimitada y durante todo el día que incluía comida chatarra y comida común para ratas.
Después de 40 días, Kenny retiró la comida chatarra. Las ratas que habían tenido acceso ilimitado a la comida chatarra entraron lisa y llanamente en huelga de hambre. “Como si hubieran desarrollado aversión por la comida sana”, asegura Kenny.

El acceso ilimitado a una droga altamente adictiva como la cocaína tiene un impacto enorme en el cerebro, afirma Kenny. Lo esperable sería que los efectos sobre el cerebro que pueda tener una adicción alimenticia fuesen mucho menos graves. Pero no es así. “Los cambios llegaron de inmediato y observamos efectos muy pero muy impactantes.”

Las ratas obesas con acceso ilimitado a la comida chatarra tenían el sistema de recompensa atrofiado y eran comedoras compulsivas. Preferían soportar las descargas eléctricas instaladas para disuadirlas de acercarse a la comida chatarra, incluso cuando la comida común estaba disponible sin castigo. Es exactamente el mismo proceder de las ratas adictas a la cocaína.

 

Ya no quedan dudas de que la comida chatarra rica en sal, azúcar y grasa genera trastornos en los mecanismos biológicos, que son tan poderosos y difíciles de combatir como el abuso de las drogas.

 

Y ya que el uso de las drogas está reglamentado, ¿no es hora ya de imponer regulaciones más duras a la comida chatarra?

Fuente: La Nación

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Aumentaron los hábitos que ponen en riesgo la salud

Miércoles, 15 de Septiembre de 2010

Las enfermedades crónicas no transmisibles, como las cardiovasculares, el cáncer de mama o de pulmón, y otras graves causan el 60% de las muertes en nuestro país. Y aunque existen medidas efectivas para prevenirlas, los factores de riesgo que las producen aumentaron en los últimos cuatro años.

La obesidad, el sedentarismo, la diabetes, el exceso de sal en las comidas y la disminución del consumo de frutas y verduras (sólo uno de cada 20 argentinos come todos los días las cinco porciones recomendadas) avanzan sin pausa, según los resultados de la II Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, presentados ayer.

“Uno puede decirle a la gente qué tiene que hacer para mejorar su calidad de vida, pero si el entorno no acompaña, no es saludable, los comportamientos no cambian. Sabemos más sobre qué comer o que tenemos que movernos más para cuidar la salud, pero la realidad es que la situación empeoró respecto de 2005. Esto demuestra que debemos avanzar más en las regulaciones, como con el tabaco, en el tiquetado de los alimentos y en el uso de la sal o la eliminación de las grasas trans en la industria alimentaria”, señaló el doctor Sebastián Laspiur, director de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades No Transmisibles del Ministerio de Salud.

La buena noticia es que en estos años aumentó un 10% la cantidad de personas con cobertura de salud, disminuyeron entre 2 y 3% el tabaquismo y la exposición al humo de tabaco ajeno por la implementación en municipios y provincias de los ambientes 100% libres de humo, y la población comenzó a controlarse más la presión, el colesterol y la glucemia (nivel de azúcar en sangre) en los hospitales públicos.

Por ejemplo: el 81,4% asegura que se controla la presión, comparado con el 70% hace cuatro años. En esas mediciones, 3 de cada 10 tuvieron la presión alta por lo menos una vez. En tanto, el 76,6% de los hombres mayores de 35 y de las mujeres mayores de 45 dice que “alguna vez” se controló el colesterol, un indicador importante de la salud vascular. El 30% de ellos tiene el colesterol LDL o “malo” elevado.

Sin embargo, una encuesta que da a conocer hoy la Fundación Cardiológica Argentina indica que uno de cada dos adultos no hace nada por controlar su colesterol. El 20% de las mil personas consultadas no lo hizo porque “no tenía ningún síntoma.

También aumentó la medición de la glucemia, que “describe” cómo se están comportando varias hormonas clave para la aparición de enfermedades. Una es la insulina, cuya alteración causa la diabetes, que en estos cuatro años pasó de afectar el 8,4% al 9,6% de los mayores de 18 años.

Lo que también mejoró fue el cuidado mamario en las mayores de 40 y la prevención del cáncer de cuello de útero a partir de los 18 años: mientras que la realización de la mamografía creció del 42 al 54%, la del Papanicolaou lo hizo del 51 al 64 por ciento.

“El acceso de las mujeres a esos dos controles mejoró especialmente en el noroeste y nordeste del país, las regiones donde más inconvenientes existen. Pero observamos también que la realización de las mamografías sigue siendo bastante heterogénea por la falta de mamógrafos en todas las jurisdicciones”, indicó el doctor Daniel Ferrante, coordinador de esta segunda edición del relevamiento durante la presentación de los resultados ante representantes de los ministerios de Salud provinciales y de la Organización Panamericana de la Salud.

Más sal, menos fibra

La encuesta se realizó en ocho zonas: la ciudad de Buenos Aires, el conurbano bonaerense, Mar del Plata-Batán y las ciudades de Rosario, Tucumán, La Plata, Córdoba, Mendoza y sus alrededores. Como hace cuatro años, el 19,2% considera que su salud general sigue siendo “mala” o “regular”.

Una combinación peligrosa de factores de riesgo generó comentarios en la sala. Es que al 2% más de consumo de sal, que ya era excesivo, se sumó 3% menos de consumo de frutas y verduras respecto de hace cuatro años, pero 4% más de obesos y 8,7% más de sedentarios, especialmente las mujeres.

“Con un 18% de obesidad en la población estamos hablando de una epidemia, que influye sin duda en la incidencia de la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y algunos cánceres”, sostuvo Laspiur.

Tanto la diabetes, como el sedentarismo y la obesidad crecieron más en los sectores de bajos recursos que en el resto de la población. “No sólo aumentaron, sino que se ensanchó la brecha por nivel socieconómico”, agregó Ferrantes. La obesidad, por ejemplo, aumentó un 3,3% en sectores de bajos ingresos y apenas un 1% en la clase media y alta. La diabetes lo hizo en un 1,5 y 0,3%, respectivamente.

En la lista de las causas de esa tendencia, que no difiere de lo que sucede en el mundo, ayer se incluyeron los ambientes cada vez más obesogénicos, el consumo de comidas rápidas y los alimentos ultraprocesados, y el uso prolongado de las nuevas tecnologías (Internet, videojuegos, TV). Esto, más el aumento del estrés cotidiano, explicaría también por qué 1 de cada 5 argentinos tiene síntomas de ansiedad o depresión tan molestos como para que afecten su vida cotidiana.

“Hay muchos mitos sobre estas enfermedades (no transmisibles), cuando en realidad son evitables -dijo Ferrante-. Y hay estrategias costo-efectivas para lograrlo. La más importante es cambiar los hábitos.”

ALGUNAS PROPUESTAS PARA LA PREVENCION

Incremento de la actividad física: organizar grupos de caminata, hacer peatonales algunas calles en los barrios los fines de semana para reducir el uso del automóvil y aumentar la carga horaria de la educación física escolar.

Reducción de la obesidad: promover el consumo de frutas y verduras, y regular el tamaño de las porciones, los quioscos escolares, el etiquetado y las advertencias en los alimentos.

Disminución de la ingestión de sodio: reducir la sal en los panificados y los alimentos procesados mediante acuerdos con la industria gastronómica, cambios en el código alimentario y la campaña Menos Sal, Más Vida.

Incremento del consumo de frutas y verduras: ofrecer menúes de verduras a través de convenios y campañas escolares, y colocar folletos con recetas accesibles en las fruterías y verdulerías.

Control de la hipertensión, el colesterol y la diabetes: adecuar los servicios de atención de enfermedades crónicas, turnos programados, distribuir guías de práctica clínica, autocuidado a través de la educación.

Control del tabaquismo: promover municipios libres de humo, fortalecer los servicios de cesación tabáquica, sanción de leyes para ambientes 100% libres de humo, ratificar el Convenio Marco para el Control del Tabaco.

Fuente: La Nación

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