Archivo de la categoría ‘Espiritualidad’

La influencia de las palabras

Jueves, 25 de Agosto de 2011

Cuando escribimos, cuando hablamos, qué queremos decir, qué queremos transmitir, y sobre todo, qué leen y entienden los demás.

Para transmitir aquello que queremos, la convicción en lo que decimos es importante, así como la veracidad de las palabras o el sentimiento con que se refuerzan, pero de poco sirve si no somos conscientes de lo que decimos y de cómo ese estado de consciencia nos permite experimentarnos.

La influencia de las palabras no depende de si son temas transcendentales o importantes sino de la actitud interior, si brotan desde la superficie o desde lo más profundo. En caso de que no nos situemos con honestidad junto a lo que decimos, las palabras se convierten en simples fuegos artificiales, un pasatiempo sin más.

Igualmente, si sólo leemos o escuchamos sin intentar comprender que hay más allá de las palabras, en ese lugar donde brota la experiencia de quien habla enlazando con la nuestra (haya sucedido en nosotros esa experiencia o aún no), estaremos perdiendo una oportunidad de profundizar en nosotros mismos.

Hemos distorsionado el lenguaje hasta tal punto que difícilmente podemos reconocer en él formas lingüísticas que hablen verdaderamente de ética, de evolución espiritual, de conciencia y de valores profundos. Muchas de las palabras han sido secuestradas y banalizadas por el sistema imperante y por superficiales propuestas pseudofilosóficas. Por ello, no sólo hay que leer o escuchar palabras, también debemos prestar atención a la persona que, como ser, muchas veces oculto tras los velos de una educación social errada, trata de comunicar honestamente su mundo interior.

Sea quien sea la persona a quien leemos, sea quien sea la persona con quien hablamos, cuando escribe o habla pretende decir algo que va más allá del simple significado de las palabras. Si somos capaces de comprender qué hay detrás de todo ello nos estamos uniendo a un camarada que comparte nuestras mismas aspiraciones íntimas en el camino espiritual.

Cuando lo logramos, la experiencia se convierte en un todo, y la dualidad y la diferencia de criterio se disuelven más allá de los prejuicios y los pensamientos excluyentes.

Probablemente no siempre se consiga, pero siendo conscientes de que es posible, podemos intentar mantener la atención centrada en percibir esa totalidad. Esto es, siendo más conscientes de uno mismo y de lo que sucede.

Podemos presentarnos como taoístas, budistas, cristianos, musulmanes, ecologistas, librepensadores, etc.; cada uno utiliza unos signos particulares y un carácter unívoco de sus formas fieles a su tradición o a sus maneras. Pero hay una esencia común a toda tradición espiritual dirigida a la comprensión, en definitiva, del ser, y es en esa esencia vacía de imágenes y de conceptos donde uno prepara sus palabras, sus instrumentos y ritos personales, y se dispone para penetrar en la comprensión a través de la intuición más profunda en donde todos podemos encontrarnos en un camino común: el de la conciencia.

Fuente: Revista Dharma

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El Camino a la sanación interior

Viernes, 19 de Agosto de 2011

Una enfermedad terminal acorrala, destierra certezas, anticipa las preguntas por la vida y la muerte, que estremecen y encuentran dificultades para desplegarse.

“Los profesionales de la salud no siempre están preparados para dar lugar a las emociones; por eso, se distancian de la situación empleando palabras difíciles o prescribiendo sedantes y antidepresivos o, en casos extremos, demostrando desinterés por ocuparse del plano de los sentimientos. Pero hay una medicina a la que se define como cuidadora, que se complementa con la medicina curadora porque se propone cuidar y acompañar más allá de la intención de curar”, dice la doctora Vilma Tripodoro, jefa del Departamento de Cuidados Paliativos del Instituto de Investigaciones Médicas A. Lanari.

Cuando la enfermedad es irreversible, emerge como alternativa el camino de la sanación interior. “La transformación personal a través del propio sufrimiento es un camino a recorrer y descubrir por la persona enferma siempre que reciba la contención de su familia, amigos y allegados y del equipo de salud que lo asiste”, escribe Tripodoro en el libro Te voy a acompañar hasta el final (Capital Intelectual).

“El restablecimiento de la salud del alma y del cuerpo puede darse o no simultáneamente: puede advenir la sanación, pero el cuerpo no sobrevive. Después de todo, la vida es una situación terminal. La cuestión es cómo y cuándo moriremos, no si hemos de morir”, sostiene la psicóloga Diana Fernández, en un capítulo del mismo libro. Y reclama un espacio para la espiritualidad, cuando todo parece concentrarse en la parte del cuerpo que ha enfermado, ya que aun cuando se transite por el tramo final de una enfermedad física, es posible encontrar un efecto transformador en un nivel espiritual.

La enfermedad, a veces, puede funcionar como un puente capaz de trasladar la existencia hacia una dimensión más trascendente. De hecho, un alto porcentaje de pacientes internados reclaman una contención espiritual, según revelan varios estudios. Uno de ellos, realizado por investigadores de Harvard, halló que el 86% de los pacientes oncológicos que participaban de un programa de medicina paliativa consideraban importante compartir temas espirituales con el equipo tratante.

ABRIGO

“El alivio en este tránsito por una enfermedad que amenaza la vida puede depender tanto o más de la implicación con la propia vida espiritual que de las pericias médicas”, comenta la licenciada Diana Fernández, es especialista en cuidados paliativos del hospital Carlos Udaondo.

Claro que, para alcanzar un nivel de consciencia más elevado, no pueden interferir el dolor y otros síntomas penosos. “Sabemos que es necesario abordar la espiritualidad y el sentido de trascendencia que se dispara en estas situaciones, pero paralelamente, abordar los aspectos médicos”, agrega Tripodoro, coordinadora de Pallium, equipo de cuidados paliativos que lleva el nombre que en la antigua Roma recibía el manto que abrigaba a los enfermos. Muchas personas que padecen enfermedades crónicas como el cáncer llegan a una etapa en que dice que “el esfuerzo terapéutico sólo se focaliza en la paliación: el alivio de los síntomas y el acompañamiento creativo que permiten agregar vida a los días”.

“Los cuidados paliativos establecen una estrategia de asistencia que no acelera la llegada de la muerte, pero tampoco la posponen artificialmente; proporciona alivio al dolor y otros síntomas angustiantes, integrando aspectos psicológicos y espirituales propios del tratamiento del paciente y su familia.”

Distingue a los integrantes del equipo de cuidados paliativos, que establecen con el enfermo un vínculo que “va más allá de la enfermedad, en tanto no tienen la intención de curar. Están centrados en la sanación más que en la curación, proceso por el cual el paciente se involucra psicológica y espiritualmente con la situación que atraviesa, y eso le permite lograr una relación apropiada consigo mismo, con los demás y, si es el caso, con el ser superior en el que cree. Este trabajo interior hace que sienta mayor alivio”.

Fuente: La Nación

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La mente creativa

Viernes, 19 de Agosto de 2011

El punto de partida del budismo, la tradición derivada de la vida y la enseñanza de Gautama el Buda, es la mente. Para ilustrar esto podemos aportar unas citas de las dos escuelas que algunos consideran antitéticas dentro del budismo, la theravada y el zen:

“Los estados mentales torpes están precedidos por la mente, dirigidos por la mente y constituidos por la mente. Cuando alguien habla o actúa con una mente impura, el sufrimiento le persigue… Los estados mentales hábiles son precedidos por la mente, dirigidos por la mente y constituidos por la mente. Cuando alguien habla o actúa con una mente pura, la felicidad le sigue como su propia sombra”.

El texto zen, perteneciente a un maestro chino de la dinastía T’ang (618-906 de nuestra era) dice:

“(Nuestra transmisión es) una transmisión especial más allá de las escrituras, que no depende de palabras o letras, que señala directamente hacia la mente, y ve dentro de la naturaleza de uno mismo comprendiendo la budeidad”.

Con estas dos representativas citas se hace evidente que el punto de partida del budismo no es nada que esté fuera de nosotros mismos. En el lenguaje del pensamiento occidental, diríamos que no es algo objetivo, sino subjetivo. Repito: el punto de partida es la mente.

Para empezar, la mente tiene dos aspectos. Por un lado está la mente absoluta; y por otro, la mente relativa. Con el término “mente absoluta” nos referimos a lo que solemos llamar el despertar a la realidad o iluminación, el principal objetivo del budismo. La mente absoluta es, pues, la consecución de esa conciencia trascendental bajo cuyo flujo se disuelve la dualidad mental. El término “mente relativa” hace referencia a la conciencia individual, a la mente que funciona dentro de la polaridad sujeto-objeto.

Esta mente o conciencia relativa funciona también de una manera doble: reactiva y creativa. Aunque estas no son expresiones budistas tradicionales, parecen expresar muy bien el significado de la enseñanza del Buda. La diferenciación que representan es de importancia fundamental no sólo en el “sistema” del budismo sino en la vida espiritual en general, y hasta en el esquema total de la evolución humana. La transición de “reactiva” a “creativa” marca el principio de la vida espiritual. Es la conversión en el verdadero sentido de la palabra.

Ahora bien: no debemos imaginar que existen literalmente dos mentes relativas, una reactiva y la otra creativa. Mejor debemos entender que existen dos maneras en que la mente relativa, o la conciencia individual, es capaz de funcionar: de forma reactiva y creativamente. Pero sólo existe una mente relativa.

La mente reactiva representa nuestra mente ordinaria, cotidiana, la mente que la mayoría de personas utiliza más a menudo. O mejor dicho, es la mente que los usa a ellos. En casos extremos, la mente reactiva funciona todo el tiempo, postergando a la mente creativa. Las personas de este tipo nacen, viven y mueren siendo animales; aunque poseen forma humana no son seres humanos. Pasemos de definiciones abstractas hacia su naturaleza examinando algunas de sus verdaderas características.
En primer lugar, la mente reactiva es una mente que re-acciona. No actúa. En lugar de actuar espontáneamente, desde su propia plenitud y abundancia, requiere un estímulo externo para ponerse en acción. Este estímulo suele llegar desde los cinco sentidos. Paseando por la calle vemos un anuncio. Sus colores chillones y letras llamativas nos atrapan. Cuando hacemos lo que ese anuncio nos demanda, cuando nos quedamos con una disposición inconsciente de hacer lo que nos dice, no estamos actuando, sino que hemos sido activados. Hemos re-accionado.

La mente reactiva es, entonces, la mente condicionada. Está condicionada por el objeto (por ejemplo, el anuncio) en el sentido de ser no simplemente dependiente de él, sino determinada por él. La mente reactiva no es libre. Es puramente mecánica.

De esta manera, nuestras ideas casi nunca son nuestras. Muchas veces nos han entrado a través de fuentes externas, de libros, periódicos y conversaciones, y las hemos aceptado, o las hemos recibido, de manera pasiva y sin reflexión. El pensamiento verdaderamente original es extremadamente raro. Aunque “original” no quiere decir necesariamente “diferente”, sino lo que uno crea desde sus propios recursos internos, coincida esto o no con algo creado previamente por otras personas. Es cierto que algunos intentan ser diferentes. Esto también puede ser una forma sutil del condicionamiento, porque al intentar ser diferentes esas personas siguen siendo determinadas por un objeto, en este caso del que (o de lo que) están intentando ser distintos. Siguen re-accionando, en lugar de actuar.

Además de ser condicionada y mecánica, la mente reactiva es repetitiva. Reacciona ante los mismos estímulos de la misma manera, y como una máquina sigue repitiendo la misma operación sin parar. A esta característica de la mente reactiva se debe el hecho de que la vida “humana” se convierta en un hábito fijo o asentado, en un mundo de rutina. Cuando nos hacemos mayores, especialmente, desarrollamos una resistencia pasiva al cambio, y preferimos profundizar los antiguos surcos en lugar de buscar una nueva trayectoria. Hasta nuestra vida religiosa, si no tenemos cuidado, se puede convertir en parte del patrón, parte de la maquinaria de la existencia.

Más que nada, quizás, la mente reactiva es la mente inconsciente. Todo lo que hace lo hace sin tener verdadero conocimiento de lo que está haciendo. Hablando en metáfora, la mente reactiva está durmiendo. Los que son dominados por la mente reactiva duermen mientras transcurre su vida; dormidos comen, beben, hablan, trabajan, juegan, votan, hacen el amor; dormidos hasta leen libros y artículos sobre el budismo e intentan meditar. Cuando nos damos cuenta de nuestra inconsciencia, es entonces cuando comienza nuestra vida espiritual. Es entonces cuando llegamos al segundo tipo de mente relativa, la mente creativa.

Las características de la mente creativa son las opuestas a las de la mente reactiva. La mente creativa no re-acciona. No depende de, o se determina por, los estímulos que la asaltan. Al contrario, es activa por sí misma, funcionando espontáneamente, desde las profundidades de su propia naturaleza intrínseca. Hasta cuando se activa estimulada por algo fuera de sí, rápidamente transciende el punto de partida original y comienza a operar independientemente. Se puede aseverar que la mente creativa responde, en lugar de reaccionar. Por esto se puede decir también que mientras que la mente reactiva es esencialmente pesimista, la mente creativa es profunda y radicalmente optimista. Este optimismo no es el optimismo superficial de la calle, no es una mera reacción ante, o racionalización de, estímulos agradables. En virtud de su propia naturaleza tal reacción sería imposible. Al contrario, el optimismo de la mente creativa persiste ante estimulos desagradables, hasta ante condiciones desfavorables para el optimismo, o hasta cuando no existe ninguna razón para el optimismo. La mente creativa ama cuando no hay motivo para amar, está feliz cuando no hay razón para estar feliz, crea cuando no hay posibilidad de crear, y de esta manera “construye el paraíso en la desesperación del infierno”.

Por eso, podríamos decir que la creatividad consiste en construir algo nuevo, crear algo nuevo. Pero no es eso sólo, porque todo lo que es nuevo no es necesariamente creativo, aunque lo que es creativo es nuevo… digamos que la creatividad no sólo consiste en crear algo nuevo, o algo original. Obviamente la gente hoy día enfatiza mucho ser original, pero no se puede ser original simplemente pensando. Ese tipo de originalidad es falso, es una originalidad artificial. No es real. Sólo se puede ser original, sólo puedes producir algo original si eres original. Eso no quiere decir ser excéntrico, quiere decir de alguna manera ser tú mismo, quiere decir conocerte a ti mismo, saber quién y qué eres; tener o desarrollar perspicacia, visión, tener imaginación. Si puedes ser tú mismo de esa manera, serás creativo en el sentido de producir algo original, algo que comparte la naturaleza de la creatividad.

Pero más allá de los aspectos abstractos de la creatividad, quiero destacar los diferentes campos de la creatividad, sus manifestaciones, o los diversos modos en que podemos ser creativos y manifestarlo.

Primero, claro, tenemos lo más obvio, en las artes, la música, la poesía, la literatura en general, el cine y las artes visuales y plásticas, la pintura, la escultura… estas son, en sus mejores momentos, manifestaciones de creatividad. Son originales en el sentido de que son productos, expresiones, de la visión experimentada, genuina y original de la perspicacia de una persona.

Y luego, algo quizás menos obvio, el segundo campo de la creatividad es la meditación. Algunos pensarán que la meditación es pesada y difícil, pero en realidad la meditación es creatividad. Cuando meditamos estamos siendo creativos. Y os preguntaréis: ¿qué exactamente estoy creando al meditar? Bueno, estáis creando pensamientos de algún modo, estados mentales, eventos mentales. Claro, estados mentales hábiles, kusala, eventos mentales diestros. Los estáis creando directamente. Al principio quizás existía una mezcla de muchos pensamientos alborotados que pasaban por vuestra mente, o al menos pensamientos descontrolados, discursivos, sin concentración; pero cuando meditáis producís una sucesión de pensamientos, estados o eventos mentales útiles o sanos, kusala. Y cuanto más profundizáis en la meditación, ese flujo de eventos mentales positivos que producís se hace más continuo. Así que la meditación es, en este sentido, una actividad altamente creativa. Estáis creando, y ojalá sosteniendo existencialmente, algo positivo, algo servicial y sano, algo hábil. Con la experiencia podéis hacer esto sin interrupción, o al menos sólo con pausas intermitentes.

Cuando digo sin interrupción quiero decir que no lo haces sólo cuando estás sentado en tu cojín de meditación; idealmente lo haces concentrándote en lo que estás haciendo, que tu estado mental, tu secuencia de estados mentales, es hábil, no disparatada. Hagas lo que hagas, estás trayendo a la existencia estos eventos creativos. Por eso considero importante que pensemos en la meditación no sólo de la manera que solemos hacer, sino como una actividad creativa, una de las actividades más creativas que podemos emprender. Esto es meditación como creatividad, o creatividad como meditación.

También podríamos referirnos específicamente a algunas de las prácticas de meditación mahayana y vajrayana, en las cuales utilizamos nuestra imaginación y estamos siendo muy creativos. Por ejemplo, cuando visualizamos la Tierra Pura, o cuando visualizamos las figuras de Avalokitesvara o Manjughosa o Padmasambhava o Tara, etcétera. Esta es una manera más especializada de meditar creativamente, y esto obviamente tiene un alto valor espiritual y emocional para los que emprenden este particular tipo de práctica meditativa o sadhana.

Ahora entramos en la tercera área en la que la creatividad se manifiesta: en la amistad. Quizás no siempre pensamos, o no lo hacemos a menudo, en la amistad como algo creativo, pero cuando dos personas se conocen por primera vez, y cuando dos personas se hacen amigos, y especialmente cuando se convierten en amigos espirituales, ¿qué ocurre? Pues que ejercen influencia uno sobre el otro. Producen algo entre ellos. Producen entre ellos una relación, una experiencia, un estado mental que nosotros llamamos amistad, metta. La palabra occidental es algo floja. Hasta la palabra metta, hasta kalayana metta es quizás una expresión floja para describir la clase de experiencia que se crea entre dos personas que se juntan, y especialmente cuando la comunicación entre ellos es profunda y honrada, sincera e intensa. Mucho puede ocurrir dentro del contexto de la amistad, como todos sabéis. Mientras interactúas con tu amigo con sinceridad y honestidad, las asperezas van desapareciendo, las dificultades se desvanecen. Y, quizás lo más importante, aprendes a hacer por tu amigo lo que igual no harías ni por ti mismo. Y de esta manera la amistad se convierte en lo que yo he llamado una especie de trascendencia mutua del egoísmo. Shantideva habla mucho sobre este tipo de situación en su Bodhicaryavatara. Y, claro, cuando hay un buen número de personas en una relación de amistad mutua, se produce algo grandioso y precioso.

Recuerdo haber leído hace muchos años a Aristóteles –creo que fue en su Ética– que la amistad es algo que sólo es posible entre los virtuosos. Y por virtuosos no se refería a los bonachones. Aristóteles, como los demás griegos, no estaba interesado en este tipo de virtud. No debemos olvidar que la virtud significa algo parecido a la excelencia, y que cuando Aristóteles dijo que la verdadera amistad es posible sólo entre los virtuosos, se refería a que, para ser verdaderos amigos, dos personas necesitan tener algo, algún principio, algún ideal, en que basar esa amistad. En el contexto del budismo, en el contexto del dharma, kalyana mitrata se basa esencialmente en el hecho de que ambas partes implicadas viven y trabajan en el dharma, están comprometidas con el dharma, están dedicadas al dharma, y que esa es la base sobre la que se funda la amistad. De esta manera los amigos, especialmente los amigos espirituales, se están ayudando el uno al otro a profundizar en ese dharma común que ambos comparten. De esta forma surge lo que yo he llamado esa trascendencia mutua del yo, de la separación.

Así, la amistad se convierte en una manifestación de la creatividad. Algo nuevo se produce en el campo de las relaciones humanas. La amistad es algo único. Si tienes una verdadera amistad con alguien, obtienes de esa relación algo que no obtienes de la relación con tus padres o de la relación con tu jefe o la relación, pongamos, con tus hijos, o la relación con tu compañera sexual. Obtienes algo completamente distinto, algo absolutamente nuevo, algo único, que desafortunadamente hoy día muy poca gente en este mundo es capaz de experimentar.

Durante el transcurso de mi vida he tenido bastante suerte. Si se me preguntara y tuviera que ser objetivo y honesto no diría que soy del todo una persona religiosa. No una persona religiosa en el sentido convencional. No creo haber sido nunca una persona piadosa, de hecho no me gustaría ser descrito como una persona religiosa. Parece tener todo tipo de connotaciones equivocadas. ¿Cómo me describiría, reflexionando sobre mi vida? Pues creo que me describiría como una persona creativa. Me gustaría pensar que soy alguien cuya vida ha sido dominada por, o cuya vida ha sido una expresión de, la creatividad, aunque sea de modo relativamente pequeño, como cuando escribo poesía, algo con lo que disfruto mucho. Creo que he sido creativo de esa manera, sea cual sea el valor objetivo de esa particular creación mía.

También he tenido la suerte de entrar en contacto con muy buenos maestros espirituales, amigos espirituales. Y he tenido la oportunidad de practicar la meditación, he tenido experiencia meditativa incluyendo la experiencia de esas sadhanas que he mencionado. En este aspecto también mi vida ha sido una vida creativa, una expresión de la creatividad.

Puedo afirmar que la vida creativa es una vida feliz. Cuando estás siendo creativo, siempre eres feliz sin importar las dificultades. Si estás pintando un cuadro quizás experimentes todo tipo de dificultades técnicas, puedes verte tentado a resignarte, lo mismo que cuando escribes un poema, pero en el fondo estás muy feliz. La creatividad es una experiencia muy positiva. Cuando estás creando eres muy feliz, y también puedo decir que si alguien no está creando, no crea nada o crea de una manera muy limitada, es muy probable que no sea una persona muy feliz.

Y en ese punto pasamos de nuevo a la mente reactiva y la meditación. ¿De qué manera se manifiesta la fuerza anti-creativa? Cuando la meditación se convierte en un mero asunto de técnica. Cuando piensas que si obtienes la técnica adecuada y la practicas con regularidad, hasta con diligencia forzada, estarás seguro de obtener los resultados deseados. Uno puede desarrollar este tipo de actitud hacia cualquier tipo de práctica meditativa. Empiezas a verla como un fin en sí misma, como un tipo de solución mágica para tus problemas si logras seguir haciéndola aunque sea repetitiva y mecánicamente, aunque haya perdido cualquier sentido que pueda haber tenido originalmente. Es muy importante refrescar nuestra práctica meditativa de vez en cuando. Creo que esto es muy importante.

La meditación también puede ser prolífica. Dicen que un buen gesto merece un segundo gesto bueno, pero un buen pensamiento, un pensamiento hábil, produce otro. Así que cuanto más meditas en el sentido que he descrito, más te agradará meditar. Pero no sólo eso: la meditación es prolífica en otro sentido, porque si meditas, si eres creativo de esa manera, eres capaz de enseñar a otros a meditar. Y otras personas pueden aprender a través de ti. Cuando comencé con AOBO (Amigos de la Orden Budista Occidental) estaba enseñando la concentración en la respiración y estaba enseñando metta bhavana. Desde entonces, ya que no estaba meditando a solas, sino que estaba enseñando a otros, cientos, miles de personas han aprendido a meditar, han tenido esa experiencia. Y no sólo dentro de la AOBO: donde sea que la meditación se enseña, existe esa creación y recreación de un estado mental muy positivo. Recuerdo que en los años sesenta teníamos algo llamado Meditación Transcendental. Algunos lo habréis experimentado. Bueno, no creo que hubiese nada de transcendental en ello, pero lo que era muy positivo es que en esos tiempos, y también después, se popularizó la práctica de la meditación. Y eso se lo podemos agradecer al viejo Maharishi Mahesh Yogi.

Para acabar, como he indicado, la mente creativa es, más que nada, la mente consciente. Siendo consciencia, o mejor dicho, siendo la misma Consciencia, la mente creativa también está intensa y radiantemente viva. La persona creativa, en la que se manifiesta la mente creativa, no sólo es más consciente que la persona reactiva, sino que posee mucha más vitalidad. Esta vitalidad no es simplemente un alto espíritu animalístico o exuberancia emocional, y aún menos simple energía intelectual o la urgencia compulsiva de la voluntad egoísta. Uno podría decir que es el mismo Espíritu de la Vida surgiendo como una fuente de las profundidades infinitas de la existencia, y vivificando, a través de la persona creativa, a todo y todos con los que se pone en contacto.

Fuente: Revista Dharma

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Siete Reglas de Paracelso

Domingo, 9 de Enero de 2011

1.- Lo primero es mejorar la salud.-
Para ello hay que respirar con la mayor frecuencia posible, honda y rítmica, llenando bien los pulmones, al aire libre o asomado a una ventana. Beber diariamente en pequeños sorbos, dos litros de agua, comer muchas frutas, masticar los alimentos del modo más perfecto posible, evitar el alcohol, el tabaco y las medicinas, a menos que estuvieras por alguna causa grave sometido a un tratamiento. Bañarte diariamente, es un habito que debes a tu propia dignidad.

2.- Desterrar absolutamente de tu ánimo, por mas motivos que existan, toda idea de pesimismo, rencor, odio, tedio, tristeza, venganza y pobreza.
Huir como de la peste de toda ocasión de tratar a personas maldicientes, viciosas, ruines, murmuradoras, indolentes, chismosas, vanidosas o vulgares e inferiores por natural bajeza de entendimiento o por tópicos sensualistas que forman la base de sus discursos u ocupaciones. La observancia de esta regla es de importancia decisiva: se trata de cambiar la espiritual contextura de tu alma. Es el único medio de cambiar tu destino, pues este depende de nuestros actos y pensamientos. El azar no existe.

3.- Haz todo el bien posible.
Auxilia a todo desgraciado siempre que puedas, pero jamás tengas debilidades por ninguna persona. Debes cuidar tus propias energías y huir de todo sentimentalismo.

4.- Hay que olvidar toda ofensa, mas aun: esfuérzate por pensar bien del mayor enemigo.
Tu alma es un templo que no debe ser jamás profanado por el odio. Todos los grandes seres se han dejado guiar por esa suave voz interior, pero no te hablara así de pronto, tienes que prepararte por un tiempo; destruir las superpuestas capas de viejos hábitos, pensamientos y errores que pesan sobre tu espíritu, que es divino y perfecto en si, pero impotente por lo imperfecto del vehículo que le ofreces hoy para manifestarse, la carne flaca.

5.- Debes recogerte todos los días en donde nadie pueda turbarte, siquiera por media hora, sentarte lo más cómodamente posible con los ojos medio entornados y no pensar en nada.
Esto fortifica enérgicamente el cerebro y el Espíritu y te pondrá en contacto con las buenas influencias. En este estado de recogimiento y silencio, suelen ocurrírsenos a veces luminosas ideas, susceptibles de cambiar toda una existencia. Con el tiempo todos los problemas que se presentan serán resueltos victoriosamente por una voz interior que te guiara en tales instantes de silencio, a solas con tu conciencia. Ese es el daimon de que habla Sócrates.

6.- Debes guardar absoluto silencio de todos tus asuntos personales.
Abstenerse, como si hubieras hecho juramento solemne, de referir a los demás, aun de tus más íntimos todo cuanto pienses, oigas, sepas, aprendas, sospeches o descubras. por un largo tiempo al menos debes ser como casa tapiada o jardín sellado. Es regla de suma importancia.

7.- Jamás temas a los hombres ni te inspire sobresalto el DIA mañana.
Ten tu alma fuerte y limpia y todo te saldrá bien. Jamás te creas solo ni débil, porque hay detrás de ti ejércitos poderosos, que no concibes ni en sueños. Si elevas tu espíritu no habrá mal que pueda tocarte. El único enemigo a quien debes temer es a ti mismo. El miedo y desconfianza en el futuro son madres
funestas de todos los fracasos, atraen las malas influencias y con ellas el desastre. Si estudias atentamente a las personas de buena suerte, veras que intuitivamente, observan gran parte de las reglas que anteceden. Muchas de las que allegan gran riqueza, muy cierto es que no son del todo buenas personas, en el sentido recto, pero poseen muchas virtudes que arriba se mencionan. Por otra parte, la riqueza no es sinónimo de dicha; Puede ser uno de los factores que a ella conduce, por el poder que nos da para ejercer grandes y nobles obras; pero la dicha más duradera solo se consigue por otros caminos; allí donde nunca impera el antiguo Satán de la leyenda, cuyo verdadero nombre es el egoísmo.
Jamás te quejes de nada, domina tus sentidos; huye tanto de la humildad como de la vanidad. La humildad te sustraerá fuerzas y la vanidad es tan nociva, que es como si dijéramos: pecado mortal contra el Espíritu Santo.

Teofrasto Paracelso

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El cuerpo tiene la palabra

Domingo, 7 de Noviembre de 2010

cuerpo1 

Señor Sinay: ¿todas las enfermedades son psicosomáticas? Ultimamente he leído notas, informes y hasta vi películas sobre el poder de la mente con respecto a la enfermedad y a la salud. ¿Cree usted que somos capaces de fabricar emociones tales que enfermen nuestro cuerpo? Tengo un duro debate sobre este tema. Yo sigo la línea de la querida Nana Schnake, y me gustaría conocer otras opiniones.
Patricia F. Alegre

La querida Nana Schnake, a quien se refiere nuestra amiga Patricia, es la médica, psiquiatra y psicoterapeuta Adriana Schnake, figura legendaria y respetada en el ámbito de la psicoterapia humanística, formadora y referente de varias generaciones de terapeutas en el mundo. En La voz del síntoma (libro que con Diálogos del cuerpo y Enfermedad, síntoma y carácter completa su valiosa trilogía acerca del enfoque holístico de la salud y la enfermedad), Schnake propone conocer lo que cura, no lo que enferma, y basándose en esta consigna inquiere: “¿Es de utilidad preguntarse qué aspectos nuestros pueden favorecer la presencia de una enfermedad que nos abruma?”. Su respuesta es afirmativa. Darse cuenta de la relación entre persona y enfermedad, señala, beneficia a quien enferma y contribuye a su armonía. El vínculo entre la persona y su órgano afectado, sostiene la gran médica chilena, va mucho más allá de lo fisiológico. Nuestro cuerpo habla, los síntomas son su voz. Además, somos nuestro cuerpo; no hay disociación entre él, la mente, lo psíquico, lo emocional, lo espiritual.

Cada órgano tiene características únicas y esenciales. Es necesario conocerlas más allá de lo anatómico y fisiológico, propone Schnake. Ella suele escuchar (a través de trabajos profundamente vivenciales con los pacientes) la “voz” de los órganos enfermos. Si la función del corazón es recibir sangre para alimentarse de ella y distribuirla y entregarla a todos los demás órganos, cuando no recibe esa sangre no puede darla. “El sabe recibir y dar”, dice Nana. Pero no puede dar más de lo que recibe. La doctora Schnake ha comprobado la sintonía asombrosa que hay entre corazones enfermos y debilitados y el carácter o las actitudes de muchas personas que padecen esas cardiopatías. Y esas mismas afinidades las ha descubierto en otros órganos, sobre todo a partir de que los pacientes afectados pudieron ponerse en el lugar del órgano aquejado, dejar de verlo como algo ajeno, de enojarse con su defección y de luchar con él o con la enfermedad sin escuchar el mensaje de la misma.

De esos mensajes también se ocupa intensamente el médico alemán Ruediger Dahlke, que irrumpió hacia los años ochenta con La enfermedad como camino (escrita con Thorwald Dethlefsen), una revolucionaria mirada sobre las enfermedades más allá de lo orgánico. La salud no es algo exterior -dice Dahlke-: nace en un punto muy profundo de nuestra interioridad. Lo mismo ocurre con la enfermedad. El lenguaje de los síntomas es el más hablado en el mundo, señala en La enfermedad como símbolo, otro de sus libros. Todos lo hablamos, “aunque no seamos conscientes de este hecho y muchos ya ni comprendan su propio lenguaje corporal”. Si pudiéramos volver a escucharnos en las voces de nuestros síntomas (en lugar de acallarlas, urgidos por el miedo o por prisas a menudo banales), recuperaríamos, afirma Dahlke, “un inabarcable tesoro de conocimientos que yace adormecido en nosotros.”

Psicosomático es un término que integra a otros dos, de origen griego: psyké (alma) y soma (cuerpo). En medicina refiere a manifestaciones orgánicas que, se cree, tienen un origen psíquico. ¿Todas las enfermedades son psicosomáticas? Tanto una respuesta afirmativa como una negativa pueden ser reduccionistas, simplificadoras. Decir que sí puede disparar, como advierte Dahlke, un furor interpretativo; sería una invitación a juzgar y criticar al paciente. Decir que no equivaldría a cerrar la puerta al conocimiento integral de la persona (cosa que el gran médico y alquimista suizo Paracelso pedía a los médicos ya en el siglo XVI). En todo caso, convendría no olvidar que nunca es un órgano el que enferma, sino una persona. Y que esa persona es mucho más que su presencia física. “La enfermedad desvela la sombra”, escribe Dahlke. La sombra es aquella parte de cada uno de nosotros más oculta y a menudo más negada. Si dejamos que el cuerpo nos hable y lo escuchamos con respeto y honestidad, sin intentar acallarlo o negarlo, tendremos en él, como señala el médico alemán, al mejor terapeuta. El que nos ayudará a estar más sanos en toda la dimensión de nuestro ser.

Fuente: La Nación

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Una cuestión de fe, no de química

Sábado, 23 de Octubre de 2010

LONDRES ( New Scientist ).- Cada vez más se están observando las consecuencias, muy reales, de este fenómeno psicológico que deriva del efecto nocebo, por el que las personas enferman sin causa ni explicación aparente.

Utilizando tomografías por emisión de positrones, el doctor Jon-Kar Zubieta de la Universidad de Michigan en Ann Arbor, Estados Unidos, mostró el año último que el efecto nocebo estaba ligado a una disminución de un neurotransmisor llamado dopamina y de actividad opiácea, lo que explicaría la razón de que los nocebos aumenten el dolor. Los placebos, en cambio, producen la respuesta contraria.

Sin embargo, la causa última del efecto nocebo no es la química del cerebro, sino la fe. El simple hecho de creer que uno es susceptible de sufrir un ataque al corazón es, en sí mismo, un factor de riesgo para que ocurra.

Más allá de la cada vez más abundante evidencia de la existencia del efecto nocebo, es difícil aceptar hoy en día que nuestras creencias personales puedan matarnos. Después de todo, la mayoría de nosotros se reiría si un hombre ataviado de manera extraña saltara a nuestro alrededor blandiendo un hueso y diciéndonos que vamos a morir.

Pero imaginemos ahora cómo sería si lo mismo se lo dijera un médico vestido de manera impecable, con muchos títulos colgados en la pared y con cantidad de estudios hechos. Como sostiene Paul Enck, psicólogo del hospital Tubinga, de Alemania, el trasfondo social y cultural es crucial.

Fuente: La Nación

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Navegando entre las dimensiones

Domingo, 12 de Septiembre de 2010

Vivimos con un pie en la tercera dimensión, con otro pie buscamos como apoyarnos en la nueva conciencia de cuarta y quinta dimensión. Por momentos parece fácil, cuando miramos desde el espíritu  y comprendemos que todo está en perfecto orden de transformaciones, que el caos dará lugar al orden. Pero otras veces cuando el enfoque es desde la mente racional o las emociones, entonces enganchamos las limitaciones y los miedos, vemos el caos y nos preguntamos como es posible todo lo que está sucediendo. Navegamos entre la confianza interna del espíritu que sabe de un mundo en evolución  consciente y las memorias de destrucción que pueden estar dentro de nosotros. Es necesario tener información y claridad para atravesar estos tiempos de irreversibles cambios.
 
¿Cómo entender las dimensiones para saber mínimamente donde estamos parados? Las dimensiones son los diferentes estados de la existencia, o podríamos decir también que son niveles de conciencia. Cambiar de dimensión es expandir nuestra forma de percibir la realidad, de ver las cosas. Cuando nos dicen que somos seres multidimensionales, muchos nos imaginamos que andamos viajando entre dimensiones que no entendemos bien aún.  La primera dimensión es la de los minerales y el agua, quienes se conectan con las piedras y trabajan con el agua están haciendo trabajos interdimensionales, al igual que quienes están en contacto con el reino vegetal que es la segunda dimensión. Miremos hacia las dimensiones de menor frecuencia para saber donde estamos parados y luego comprender la tercera dimensión que es la nuestra, la humana, la conflictiva, porque se basa en la polaridad y la separatividad, Ja, ja!!!  Aquí está el tema de tantos problemas, los unos y los otros, los buenos y los malos, me siento solo en este mundo que no me comprende. En 3 D hay una percepción lineal del tiempo y del espacio, y  justamente desde el tiempo que nos colisiona y que ya “no alcanza como antes” es desde donde comenzamos a percibir la interacción de la cuarta dimensión sobre nosotros, porque aquí el tiempo es mental, se expande y se contrae en un eterno presente.
 
Muchos hablan del salto cuántico de la conciencia, de saltar a otra dimensión más elevada. En realidad, he comenzado a cuestionarme si estamos saltando o se nos vienen encima la cuarta y quinta dimensión. Porque ellas están sobre nosotros y es lo que nos está desarticulando la vida ordenadita como la teníamos en tercera dimensión. Nos estamos zambullendo en nuevas conciencias, nos sentimos raros, los que antes nos gustaba, ahora no interesa más, hay una búsqueda de la esencia de la vida. Y por aquí comenzamos a explorar las frecuencias de las nuevas dimensiones que nos abren a la realidad de nuestro ser.
 
Cuando comenzamos a percibir la cuarta dimensión, sentimos que muchas creencias comienzan a derrumbarse, otros niveles de la conciencia ocupan nuestra mente y percibimos las realidades con otros tonos. La 4 D es la zona de pasaje hacia realidades suprafísicas, allí se encuentran las  fuerzas arquetípicas  o inconsciente colectivo, es donde experimentamos la sincronicidad y la telepatía entre otras cosas. También es una zona poderosa de luces y oscuridades donde se dan las pesadillas y presencias astrales. A medida que desarrollamos mayor libertad en nuestro ser para pensar, sentir y hacer, somos atraídos magnéticamente hacia los impulsos lumínicos de la cuarta dimensión y atravesamos las zonas de control arquetípico para ingresar en la conciencia de la quinta dimensión. Esta dimensión es la frecuencia de la sabiduría y es pura energía. Es donde se encuentran los Maestros Ascendidos y los espíritus guías. En quinta experimentamos el fundirnos con el grupo de almas al cual pertenecemos vibracionalmente y al Ser superior o Multidimensional. Es la dimensión donde recordamos quienes somos y despertando nuestra sabiduría interna, (seguro que ya tocaste la 5 D y no te diste cuenta). Es en esta dimensión donde se experimenta la conciencia grupal que forma un solo Ser de mayores dimensiones. ¿Estamos cerca o lejos de la quinta dimensión? Calcula cuanto de separatividad hay en ti o cuan cerca estás de la conciencia de Todos Somos Uno.
 
En síntesis, si experimentas sincronicidades, telepatía, si vives en el aquí y ahora, si te interesas por temas espirituales,  o te das cuenta de que no hay diferencia entre el adentro y el afuera, si buscas la unión con todos los seres de la creación estás experimentando la cuarta y quinta dimensión. Y todavía hay mucho más para experimentar, este es el comienzo.
El cambio dimensional no sucede de un día para otro sino por capas paulatinas de conciencia. Los grandes cambios que sentimos es el lento pasaje a las dimensiones superiores.
 
Es decir, las puertas de las nuevas dimensiones ya están abiertas, se pasa a través de ellas con un  simple estado de conciencia, donde nuestro ser puede experimentar estados de unión espiritual. Esta conciencia de unión espiritual está siendo posible con más facilidad para muchos seres gracias a estas energías que llegan desde el centro de la galaxia y en sus vibraciones de altas frecuencias traen la energía necesaria para nuestra integración.
Integrarnos los unos a los otros no es una tarea que pueda realizar el intelecto desde la tercera dimensión, es una energía de alta vibración que activa códigos de memoria en nuestro centro corazón y permite que se exprese un sentimiento de unidad-integración.
 
Todo lo que vemos en los noticieros de peleas, violencia, desunión, miserias siguen siendo productos de la vieja energía. Todos los seres que se unen en meditaciones masivas por la paz mundial, por la sanación del planeta, lo están haciendo desde la nueva conciencia. Cada uno elige el canal que desea.
El efecto cósmico es poderoso, los cambios se precipitan más allá de lo imaginado por muchos. Tenemos que explorar las nuevas formas de vida, comprender cómo la cuarta y quinta dimensión ya están modificando nuestra realidad.
 
Sólo una banda de visionarios que conoce el otro lado del velo
puede  empujar las puertas del Gran Cambio
Salimos del mundo de las confusiones, de los vínculos enmarañados, de las mentiras y las manipulaciones. Ingresamos en un mundo más transparente, donde la verdad del espíritu atraviesa la realidad.
Abandonamos las creencias de que todo tenía que ser con sufrimiento y esfuerzo, vieja energía de la 3D. Ahora, en la 4D el pensamiento crea la realidad. Lo que piensas obtendrás. ¿Estás navegando interdimensionalmente? Con sólo tu pensamiento ordenado en infinitas posibilidades ingresas en la Nueva Tierra.
El tiempo lineal de la tercera dimensión colisiona. Las viejas formas de trabajar, de pensar, nos demandan muchas horas de reloj que ya no sirven. La clave del cambio está en una mente ordenada que practique la sincronicidad y el estar en presente continuo.
Los jóvenes nos muestran ese vivir en el presente sin preocuparse, porque ellos traen los nuevos códigos ya incorporados y los adultos les cuestionan la “falta de preocupación por el futuro”, esto es vieja conciencia!!! Muchos adultos quisiéramos tener esa conciencia de liviandad energética que ellos traen, ellos resuelven en el tiempo real del presente, cómo van a preocuparse por el futuro si ellos perciben que no habrá futuro como los adultos racionales de 3 D siguen pensando.
 
Las fuerzas planetarias en el juego cósmico
¿Sólo los humanos estamos en grandes cambios galácticos? Todo el sistema solar respira las intensas energías  de la Banda de Fotones. Respiremos junto a la galaxia.
La Gran Cruz Cósmica de planetas mayores se extendió desde finales de junio hasta mediados de agosto, con momentos de mayor intensidad sobre el 26 de junio y el 8 de agosto. Por un lado este influjo de poderosas energías de liberación dio paso a que muchos seres despertaran a sus potenciales espirituales, por otro lado también se experimentaron momentos de confusión, desorden generalizado, emergencia de contenidos muy reprimidos dentro del inconciente personal y el inconciente colectivo que agudizaron la percepción de caos.
Si bien los aspectos astrológicos estuvieron indicando una excesiva tensión de fuerzas planetarias, para muchos seres en conciencia fue el comienzo de su unificación definitiva donde el espíritu puede hacer contactos más definidos y claros con la materia. Es decir, los estados  de certezas espirituales, alineaciones con la Fuente, inspiraciones  divinas y estados normales de iluminación ahora son posibles para muchas mas personas  con menos esfuerzos de preparación. Se abrieron las puertas interdimensionales, nosotros no tuvimos que ir a ningún lugar especial, sólo había que estar centrados, alineados y en paz para “sentir” la cuarta y la quinta dimensión en nuestra vida cotidiana.
 
En julio tuve una experiencia, donde “me colisionó el tiempo” allí pude experimentar y resolver en pocos minutos casi 24 horas de diferencia que me faltaban (¡se me escaparon 24 hs! Fue muy divertido). Gracias a mis prácticas de meditación y experiencia en tener como brújula a la intuición (ahora le dicen GPS) pude realizar lo que era esencial en ese momento y avanzar con satisfacción y equilibrio.
Sigamos deslizándonos desde nuestro sentir interior. Ah! Si aún no encontraste tu sentir interior, busca dentro de ti lo que te está pasando, no mires afuera que te vas a distraer.
A partir el próximo equinoccio y con la entrada del Sol en Libra, donde se encuentra Saturno, comienza la etapa de re-ordenar la nueva etapa con todo lo que quedó en la superficie de tu conciencia….
A fines de setiembre el Sol en conjunción con Saturno harán cuadratura a Plutón, último ajuste para sacar afuera lo que no necesitamos más. Partir del 9 de octubre, Venus comienza su marcha retrógrada por 40 días, hasta el 20 de noviembre. Venus está relacionado con el sentir, los afectos y los valores de vida. Se hará una revisión en nuestra vida de ciertos aspectos a seguir depurando para una mejor afinación de nuestras emociones dentro de las nuevas energías. ¿Otra vez más? Si, otra vez, porque cuanto más vamos ascendiendo en la espiral evolutiva más afinados y libres de ataduras y dependencias emocionales necesitamos caminar.
En la energía del amor infinito, los abraza.
Ana María Frallicciardi

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Tener y felicidad no son sinónimos

Domingo, 22 de Agosto de 2010

Hacer presente el Ser es una acción que no tiene otro destino que la felicidad y la plenitud. Muchas veces confundimos lo que realmente somos con aquello que hemos creído que somos. Repetimos aquello de “yo soy así” cuando en realidad el que es así es el personaje que el “yo inferior” convirtió en la llamada personalidad. Lo que realmente somos no tiene por qué ser aquello en lo que nos hemos convertido. La buena noticia es que aquello que nos distanció de lo que somos fue generado por nosotros mismos y, por ende, puede ser removido por nosotros mismos. Nadie dijo que es fácil, pero por no serlo no deja de ser muy necesario.

La mayoría de las personas que intentamos una transformación espiritual no lo hacemos por ser buenas o mejores que los demás. No queremos seguir viviendo mal, persiguiendo sueños ajenos, mortificándonos, reprochándonos y rechazándonos. La principal razón por la que sufrimos es la imposibilidad de aceptar aquello que nos toca enfrentar.

El cambio espiritual es el más profundo de los cambios. A diferencia de los otros no se presenta como una herramienta que nos permita ser distintos, por el contrario, el cambio espiritual llega a nuestra vida para modificarla con el objetivo de ser nosotros mismos. Cada mañana cuando nos miramos al espejo, el que está afeitándose o maquillándose no es otro que el responsable y el creador de tus experiencias, es decir vos mismo.

Todos nosotros podemos hacer merced al libre albedrío aquello que deseamos de nuestras vidas. Lo que no podemos evitar son las consecuencias de nuestros actos. El tan mentado Karma no es otra cosa que vivir aquello que hemos provocado. Si estamos satisfechos con lo que nos toca vivir y con el resultado de nuestras acciones y pensamientos, pues adelante. Pero si lo que queremos es vivir de otra forma, si lo que nos está dando como resultado es el vacío, la insatisfacción frecuente, si lo que experimentamos es semejante a estar vistiendo ropas ajenas, es tiempo de intentar la transformación.

Algunos años atrás, Einstein supo enseñarnos que no puede resolverse un problema con la mentalidad que lo creó. Es cierto que en el problema está la solución, como suele decirse en Alcohólicos Anónimos, pero una vez aceptado el problema no deberíamos repetir los errores que nos llevaron a cometerlo. La gran herramienta de la espiritualidad es la conciencia, en términos más sencillos el “darse cuenta”. No registro lo que me sucede, aunque me esté sucediendo, hasta que no me doy cuenta. El ego pasa gran parte del día obligándonos a hacer cuentas. El espíritu no aflora hasta que no tomás conciencia, hasta que no te das cuenta.

Cada uno de los seres que Dios creó es una pequeña sucursal suya. No en vano nos hizo a “su imagen y semejanza”. Somos seres espirituales viviendo una experiencia humana y no a la inversa. Nuestra divinidad reside en nuestra conciencia. Dios es conciencia pura y supo insuflarnos a cada uno de nosotros dosis divinas con las que conectamos a través de la conciencia y de las que nos alejamos a través del ego. El soy se refleja en el ego, el ser en el espíritu. Todos nosotros podemos cada día dedicar algunos minutos a exteriorizar nuestro interior, a hacer presente nuestro ser. La principal inquietud de la vida espiritual paradójicamente es la quietud. En ese estado y en el silencio interior aparecen las respuestas, se manifiesta la sabiduría, florece la inspiración, se desarrolla la intuición y se detectan las señales.

Somos esencialmente espirituales. Debemos nutrirnos de nuestra savia natural, el “combustible espiritual”. Ya lo dice el proverbio: “Serás lo que debas ser o no serás nada”. A nadie se le ocurriría, salvo por error o accidente, ponerle nafta a un coche gasolero o a la inversa. ¿Por qué razón entonces hacemos esto con nuestro espíritu y además pretendemos ser felices? ¿Por qué le ponemos combustible egoico al espíritu y pretendemos que funcione?

Es tiempo de entender que tener y felicidad no son sinónimos. Quienes han intentado esa receta terminaron teniendo todo menos a ellos mismos. Ser y felicidad si son sinónimos espirituales, por eso “ser feliz” es una redundancia. La gente feliz primero es feliz y además tiene dinero o no, la gente feliz primero es feliz y además tiene trabajo, la gente feliz es feliz y lo demás viene por añadidura. Esa es la secuencia. La gente infeliz lo es más allá de las circunstancias y lo es por sus actitudes.

No se trata de voluntarismo espiritual. Tan sólo de entender que “como es adentro es afuera” (Inside Out). Exterioriza tu ser, diluye tu soy. Lo interior determina siempre lo exterior, lo de afuera, más allá de la ilusión del ego no termina de transformar lo de adentro. Hace presente tu ser, exterioriza tu interior.

Por Ari Paluch
Especial para lanacion.com

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El éxito en la vida está frente a nosotros

Domingo, 15 de Agosto de 2010

Cualquiera es espiritual dentro de una iglesia o una sinagoga. En un entierro o en un nacimiento. Pero hay que dar un paso más, observar qué ocurre en el mundo. ¡Salir! Preguntarse: ¿las consecuencias de todo lo que hago pueden ayudar a alguien aunque nunca sepa que las hice yo? La espiritualidad está aquí o no existe. Una espiritualidad teórica es lo mismo que nada”, reflexiona Daniel Rotsztain, autor de Y ahora ¿qué? Emprender el camino para ser uno mismo, que cuenta con un complemento interesante, los comentarios del rabino Sergio Bergman al final de cada capítulo.

Rotsztain es empresario, especializado en tecnología de la información. Creador de la Escuela del Alma, centro de reflexión espiritual donde con un equipo multidisciplinario busca integrar la vida profesional con la espiritual.

“En realidad no tratamos de unir, sino de reunir, porque en el pasado el trabajo tenía una inseparable dimensión espiritual. Tanto, que en lengua hebrea hay una misma palabra para trabajo y servicio. Pero en la actualidad confundimos trabajo con empleo, que es algo que uno hace únicamente para ganar dinero”, agrega.

Hace nueve años, el autor contrajo una grave y poco común enfermedad de la sangre que lo tuvo tres veces al borde de la muerte. Logró recuperarse y a causa de la experiencia escribió Y ahora ¿qué?

“Suelo decir que escribí el libro en un segundo, aunque en realidad tardé más de dos años y medio en ponerlo en palabras. Mi enfermedad me enfrentó con muchas cosas, una de las cuales era ésta: yo no me gustaba. ¿Por qué? Es terrible convivir con alguien que no te gusta, pero es peor si esa persona es uno mismo. Las largas horas inmóvil, acostado en una cama, me fueron poniendo frente a una puerta cerrada: yo mismo. Es que nos forman para agradar, no para ayudar, y terminamos por creer que eso somos nosotros. También comprendí que en mí había una profunda fractura entre mi mundo espiritual y mi mundo material. Mi profesión, mi carrera como empresario y mi naturaleza espiritual”.

¿Cómo hizo para recuperar su verdadera identidad?

Empecé por algo muy general, nuestro lugar en el cosmos, seres humanos habitantes de un diminuto planeta. Descubrí que en el universo lo normal es la no vida. No tengo dudas de que hay vida en alguna otra parte del cosmos, pero aquí, en nuestra galaxia, en este vecindario de miles y miles de kilómetros somos únicos. Somos un milagro, seres trascendentes, y si es así debemos tener una misión trascendente que nos hace humanos. Esto me llevó a comprender que la espiritualidad es algo propio del ser humano, su sentido más profundo. Y cuando un ser humano va contra su naturaleza se aleja de su centro y no es feliz. Siente un tremendo desarraigo y la única solución posible es reencontrarse, asumir su espiritualidad. Yo me había ido apartando de mi naturaleza espiritual y por eso me había enfermado.

¿Cómo es eso?

Mirando hacia atrás me di cuenta de que continuamente había recibido advertencias, llamados a la realidad, pero no los había oído. Y cuando Dios, la trascendencia o como cada uno quiera llamarla se cansa de hablar, ¡paf! te da un palo. Esa fue mi enfermedad. Entonces pensé que no era necesario un proceso tan traumático para reaccionar y reencontrar el camino. Que uno podía escuchar las advertencias e ir estableciendo cambios progresivos, trabajar todos los días un poquito e ir corrigiendo esos pequeños desvíos.

¿Cómo nos damos cuenta de que vamos por el camino equivocado?

Es muy simple: siendo honestos con nosotros mismos y preguntándonos cómo nos sentimos. No pensando nuestros sentimientos, sino sentiéndolos. Y siempre la respuesta es que pese a nuestros logros materiales sentimos un gran vacío. Ese es el síntoma.

¿Qué significa no pensar nuestros sentimientos?

Nos hemos acostumbrado a movernos simplemente con la razón, con la matemática. Y la matemática sirve para dividir, dividir las cosas para poder manejarlas y controlarlas. No es que sea algo malo, pero no es lo que necesitamos en este caso. Tenemos que rescatar algo que hace cientos de años estaba muy unido con la parte espiritual, nuestra parte intuitiva, la emoción. Para algunos, la intuición como camino inspira temor, pero la gente debe entender que conectarse con la espiritualidad no es perder poder, es otra cosa, es tener las herramientas para lograr una vida mejor. Esto nos lleva a redefinir qué entendemos por éxito en la vida.

¿Qué es el éxito?

Creo que el éxito consiste en vivir plenamente. El dinero no es algo perverso, no está bien ni está mal, todo depende de qué hacemos para conseguirlo y cómo lo usamos. A todos nos gusta vivir bien pero, ¿cuánto estamos pagando para vivir bien? Cuidemos lo que verdaderamente vale: nuestro amor, nuestros seres queridos, nuestros vínculos. Lo material importa y es bueno, pero viene como consecuencia de lo otro, nunca como objetivo final. El éxito en la vida está frente a nosotros porque todos podemos conectarnos con nuestra espiritualidad para ser lo que debemos ser.

Fuente: La Nación

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