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Crece el sedentarismo y el consumo de comida chatarra

Martes, 18 de Octubre de 2011

Sedentarismo, comida chatarra y tabaquismo concentran en su mayoría los problemas cardiovasculares en la sociedad argentina y en el mundo, según se encargaron de difundir un grupo de expertos consultados por LA NACION, con motivo del Día Mundial del Corazón que se celebra hoy.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las cardiopatías, o enfermedades cardiovasculares son las responsables del 30% de muertes en todo el mundo.

Alberto Alves de Lima, director de docencia del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA), adelantó tres parámetros para llevar una vida sana y con menor riesgo para el corazón y las arterias: comer en base a frutas y verduras, hacer actividad física y no fumar.

“Hay que evitar ingerir la comida rápida o chatarra. Por lo menos caminar para aumentar el ritmo respiratorio. El ejercicio aplicado hasta en pequeños espacios, incrementa la salud y la vitalidad del corazón, ya que está comprobado que hacer actividad física reduce en un 50% las probabilidades de sufrir estas enfermedades. Y por último no fumar”, indicó Alves de Lima.

“Después del azote de las hambrunas, las guerras y las epidemias, en los últimos años la enfermedad cardiovacular, que no es trasmisible, se transformó en la primera causa de muerte en el mundo. Por cada 100.000 muertes, unos 250 son por causas cardíacas. O de cada 100, unas 33 mueren por esas causas, sobre todo después de los 45 años”, explicó a LA NACION el doctor Gerardo Bozovich, director médico de la Fundación Favaloro.

Bozovich explicó que la arterioesclerosis es la más común de esas afecciones en arterias coronarias, junto a los infartos de miocardio y ataques cerebrales (ACV), que explicó que existen muy buenas oportunidades de prevención de esa afección, como así también tratamientos con la enfermedad instalada ya que cada vez se sobrevive mejor y más.

Respecto a los preventivos, el especialista apuntó al control de factores de riesgo, como la hipertensión, el tabaquismo, el sedentariosmo y el colesterol alto. También señaló los tratamientos farmacológicos que modulan los lípidos y el colesterol para prevenir la arterioesclerosis. Finalmente habló de los tratamientos invasivos por catéter y por cirugía, como el conocido By pass, técnica creada y desarrollada por el doctor René Favaloro.

SEDENTARISMO EN ALZA

El sedentarismo es hoy uno de los enemigos de la salud cardiovascular de los argentinos, ya que de una reciente encuesta elaborada por TNS Gallup y difundida por la Fundación Cardiológica Argentina (FCA), brazo hacia la comunidad de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), cuatro de cada diez personas hace actividad física sólo una vez por semana o ninguna.

“La persona sedentaria tiene las arterias más fijas y tiende a que se hagan más gruesas y con tendencia a tener un problema arterioesclerótico. Aquellos que hacen al menos una caminata de entre 30 a 60 minutos, la mayor cantidad de días de la semana, genera una disminución en la rigidez de la arteria y disminuye la presión que se ejerce sobre la sangre”, afirmó a LA NACION, el doctor Roberto Peidró, prosecretario de la FCA.

“Una persona que hace ejercicio hoy regularmente, aunque sea una caminata y aquella que no lo hace, en diez años tendrá el 50 por ciento menos de probabilidad de tener hipertensión arterial”, completó el especialista, que recomendó a la persona que ya padece hipertensión, seguir un tratamiento médico adecuado, reducir la sal en la alimentación, hacer ejercicio físico y atenuar factores externos sociales como el estrés, o la depresión o ansiedad por problemas personales o laborales. “La natación es un deporte excelente para mejorar la actividad cardiovascular y circulatoria”, resaltó.

El cardiólogo Ricardo Iglesias, presidente de la FCA resaltó los datos de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, que indican que entre 2005 y 2009 aumentó casi 10% el sedentarismo en la Argentina, pasando de 46,2% a 54,9%, e indicó que se trata de un factor de riesgo independiente para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. “Las personas sedentarias tienen mayor predisposición de sufrir hipertensión arterial, sobrepeso y obsesidad, diabetes tipo 2 y alteraciones del metabolismo del colesterol”, afirmó Iglesias.

“Según el Registro Interheart, publicado en la prestigiosa revista The Lancet en 2004, de acuerdo a una evaluación de 29.000 personas en 52 países, el colesterol es el principal factor de riesgo de infarto en el mundo, seguido del tabaquismo. Así, una persona con colesterol alto tiene un riesgo 3,25 veces mayor de sufrir un infarto en el término de un año”, agregó Iglesias, que se mostró contrario a las campañas que promueven el hedonismo en el hombre, donde fumar o comer comidas rápidas embargan de placer a quien consumen cigarrillos o comida chatarra.

Iglesias también destacó el elevado consumo de sal en la Argentina. “Acá comemos de 16 a 18 gramos de sal por día. Lo recomendado es 5 o 6. Por eso lanzamos la campaña “Sal de la mesa”. Es lo mismo que una campaña vial. Usar el cinturón de seguridad le salva la vida a una persona el 0,0007 %. Pero en una comunidad salva el 7% de la totalidad de los muertos por accidente de tránsito. Al bajar medio milímetro la presión se evitan 2000 muertos por año. En Nueva York, por cada dólar que el gobierno pone para que las empresas reciclen la sal [bajen su contenido de los alimentos enlatados] y le pongan menos a los alimentos, el estado al año gana 12 dólares respecto a los gastos de atención médica”, precisó.

CRECEN LOS ACV

Los datos que maneja la OMS son por demás preocupantes ya que cada año, 15 millones de personas en todo el mundo sufren o padecen un accidente cerebrovascular.

En 2004, el accidente cerebrovascular causó 5,7 millones de muertes en todo el mundo (9,7% de la mortalidad total), mientras que en América latina acarrearon más de 250.000 muertes, pero para 2024 ese número podría triplicarse como resultado del envejecimiento de la población, afirma un reciente informe ¿Cómo reducir los accidentes cerebrovasculares en Latinoamérica? presentado por un grupo de especialistas de toda la región en el marco del III Conferencia Latinoamericana de la Sociedad Internacional de Farmacoeconomía.

“Las enfermedades cardiovasculares se producen principalmente por obstrucciones que impiden que la sangre fluya hacia el corazón o el cerebro. Y una de las más graves es la Fibrilación Auricular (FA) considerada la arritmia cardíaca sostenida más frecuente, que constituye un alto factor de riesgo de padecer un accidente cerebro vascular o ACV”, afirmó Peidró.

Según el experto, en comparación con la población general, las personas con FA tienen un riesgo cinco veces mayor de sufrir un accidente cerebrovascular. La FA es responsable del 20% de los accidentes cerebrovasculares isquémicos (accidentes cerebrovasculares causados por un coágulo que bloquea un vaso sanguíneo en el cerebro).

El doctor Sebastián Ameriso, jefe de Neurología Vascular de Fleni, aseguró a LA NACION que la FA “es una epidemia que ya está en curso y en franco aumento, ya que al haber más expectativa de vida en la población, aparece un mayor riesgo de padecerla. Un 20 por ciento de las personas de más de 80 años la sufren, por lo que se incrementa más el riesgo de contraer un ACV.

Así, el riesgo de accidente cerebrovascular en pacientes con FA aumenta con la edad y con la adición de otros factores de riesgo (p.ej., hipertensión arterial, accidente cerebrovascular previo y diabetes). Entre los factores que ubican a un paciente con FA en el grupo de mayor riesgo de padecer un accidente cerebrovascular se encuentran: insuficiencia cardíaca congestiva, hipertensión arterial, edad mayor de 75 años, diabetes y accidente cerebrovascular o ataque isquémico transitorio previos.

“Por otra parte, los accidentes cerebrovasculares relacionados con la FA son más graves, provocan mayor discapacidad y tienen una peor evolución que los accidentes cerebrovasculares en pacientes sin la FA”, indicó Peidró. En un estudio mexicano, la mortalidad a 30 días luego de un accidente cerebrovascular fue del 22% en pacientes con historia de FA, en comparación con el 13,7% en ausencia de la arritmia.

En América latina hay 3 millones de personas que padecen esta forma de arritmia, pero sólo la mitad lo sabe. Las técnicas actuales sólo pueden prevenir la FA en algunos pacientes. La terapia con anticoagulantes reduce el riesgo de accidente cerebrovascular en pacientes con FA. Cuando se usa en forma adecuada y se monitorea cuidadosamente, reduce el riesgo de accidente cerebrovascular en alrededor de dos tercios.

Fuente: La Nación

Celuloterapia, lo último en el tratamiento de la artrosis

Martes, 13 de Septiembre de 2011

La nueva propuesta terapéutica consiste en la utilización del plasma rico en factores de crecimiento, que podría interrumpir o al menos retrasar el avance de la enfermedad. En qué consiste:

La artrosis es una enfermedad crónica que se desarrolla a lo largo de muchos años.

El 90% de las personas que padecen artrosis tienen limitaciones de movimiento y un 30% incluso está incapacitada para realizar las actividades normales de la vida cotidiana. De hecho se considera a esta dolencia la cuarta causa de incapacidad entre las mujeres y la octava entre los hombres.

Las articulaciones son los componentes del esqueleto que nos permiten el movimiento y, por tanto, ser autónomos funcionalmente y relacionarnos con los demás. Están formadas por la unión de dos huesos a través de la cápsula articular. En el interior de las mismas existe, generalmente, un fluido llamado líquido sinovial que es producido por la membrana sinovial. Los extremos óseos que se unen para formar la articulación están recubiertos por el cartílago articular.

La artrosis es una enfermedad que lesiona el cartílago articular y origina dolor, rigidez e incapacidad funcional.

Desde no hace mucho tiempo disponemos de una nueva propuesta terapéutica basada en la utilización del plasma rico en factores de crecimiento (PRGF) que podría interrumpir o al menos retrasar su avance.

Su aplicación puede revolucionar los tratamientos existentes en la actualidad.

El PRGF imita y optimiza los mecanismos fisiológicos de reparación que se ponen en marcha espontáneamente en todos los tejidos, como el cartílago articular de las rodillas y caderas, tras una lesión.

Se observó que a los cinco días de la aplicación del PRGF hay, dependiendo del tejido, hasta 40 veces más células trabajando en la zona tratada (reconstruyéndola, cicatrizándola, regenerándola y, en definitiva, curándola).

El sexo y la edad de los pacientes no influyen en la respuesta a esta terapia pero sí interviene el grado de artrosis. La mejoría clínica más importante se da en aquellos pacientes cuyo proceso artrósico está menos evolucionado en el momento de recibir el tratamiento.

El PRGF reemplaza el líquido sinovial patológico en situaciones de derrame, inflamación y dolor articular. Asimismo actúa sobre las células de la membrana sinovial y los sinoviocitos (responsables de la producción del líquido sinovial que baña por completo la articulación) estimulando la producción de ácido hialurónico y otras moléculas bioactivas. El resultado es que mejora la calidad del líquido sinovial, actúa como antiinflamatorio y disminuye el dolor.

La eficacia clínica del PRGF en la articulación se puede atribuir a varios efectos muy importantes:

  • Efecto anabólico en el metabolismo (formación) del cartílago.
  • Bloqueo de la degradación del cartílago.
  • Restitución de un ambiente fisiológico en la articulación inhibiendo la inflamación y disminuyendo el dolor.

No produce problemas de rechazo o alergia, ni presenta efectos secundarios adversos y se puede aplicar sin problema las veces que sea necesario.

Fuente: Infobae.com

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Nueces y soja, para bajar el colesterol

Martes, 13 de Septiembre de 2011

Las personas con una dieta rica en alimentos que reducen el colesterol, como frutos secos, soja, aguacate, aceite de oliva y avena, vieron reducir más su colesterol que las personas con una dieta baja en grasas, según un estudio realizado en Canadá.

Después de seis meses de una dieta que incluía específicamente alimentos que reducen el colesterol, el estudio mostró que las personas experimentaron una caída del 13% de lipoproteínas de baja densidad (LDL, o colesterol “malo”).

Los que tuvieron una dieta con alimentos bajos en grasa, incluyendo opciones de alto contenido de fibra y granos enteros, registraron una caída de apenas 3% del colesterol LDL, dijo el informe publicado en la revistaJournal of the American Medical Association.

“Este trabajo indica el potencial beneficio de combinar reconocidos alimentos para reducir el colesterol”, dijo el estudio.

El estudio se hizo en cuatro lugares diferentes de Canadá -Quebec, Toronto, Winnipeg y Vancouver- e incluyó 351 participantes con niveles elevados de colesterol.

Quienes seguían el régimen dedicado a reducir el colesterol se dividieron en dos grupos -uno con dos sesiones de asistencia nutricional y otro con siete visitas a la clínica en más de seis meses-, pero ambos arrojaron resultados muy similares.

El estudio no restringió las calorías ni proporcionó alimentos a las personas. Todos los participantes perdieron una cantidad similar de peso -de 1,2 a 1,7 kilos- durante el estudio.

Los alimentos incluidos en el grupo para reducir el colesterol fueron extraídos de una lista de la FDA, la agencia norteamericana que regula los alimentos y medicamentos, recomendados para una mejor salud cardiaca.

La FDA sugiere en ese listado el uso de aceite de oliva en lugar de mantequilla, y productos con margarina enriquecida con esteroles vegetales que ayudan a bloquear la absorción de colesterol.

Además, el listado incluye alimentos como aguacate, avena, soja, tofu, frijoles, lentejas, almendras, avellanas, cacahuetes, pistachos y nueces.

El estudio tuvo una alta tasa de deserción en general -un 22,6%- aunque señaló que ésta “es común” en los estudios que involucran dietas con cierta intensidad.

Otro inconveniente del estudio fue la predominancia de personas blancas de peso moderado con bajo riesgo de enfermedades cardiacas. Por lo tanto, “se desconoce” si se observa un efecto similar en pacientes de más alto riesgo, con sobrepeso u obesidad.

Fuente: Infobae.com

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Insomnio cada vez más frecuente

Lunes, 22 de Agosto de 2011

Las alteraciones del sueño se han convertido en los últimos años en una preocupación creciente para un sector cada vez más amplio de la población. Este fenómeno, reflejado en el incremento de las consultas médicas, se explica en parte por una mayor información al respecto por parte del público junto con una progresiva disminución del lapso promedio de sueño diario, el cual, como señala el doctor Daniel Cardinali, investigador superior del Conicet, habría pasado de 8 horas en la década del ‘60 a las 6 horas registradas en la actualidad.

El insomnio, definido como una persistente dificultad tanto para conciliar el sueño como para mantenerlo y obtener un sueño reparador, es el más común de todos los desórdenes del sueño y, a la vez, el más prevalente de todos los trastornos de la salud mental. Puede presentarse bajo diversas formas, siendo uno de los factores que lo definen su grado de duración. De este modo, el insomnio agudo será aquel que dure un mes o menos y el crónico aquel que se extienda más allá de los 6 meses. A su vez, el insomnio intermitente será aquel cuya duración sea variable. Como indica el doctor Norberto Kriguer, director del Centro de Investigación de la Fatiga Crónica y de la Medicina del Sueño, y ex presidente de la Asociación Argentina de Medicina del Sueño, “el insomnio puede presentarse como un síntoma, un desorden o ambos a la vez. Incluso puede comenzar como un síntoma de otro desorden y, con el tiempo, convertirse en un desorden en sí mismo”.

El sueño es un elemento esencial para nuestro desarrollo y bienestar. No conciliarlo adecuadamente puede no sólo resentir nuestra calidad de vida, aportándonos cansancio, mal humor y somnolencia diurna, sino también afectar nuestra salud. Numerosos estudios confirman que el insomnio produce a largo plazo una mayor probabilidad de contraer patologías como enfermedad cardíaca (con registros de un 21,9% entre los insomnes contra el 9,5% en la población sin insomnio), hipertensión (43,1% contra 18,7%), problemas respiratorios (24,8% contra 5,7%), gastrointestinales (33,6% contra 9,2%) y diabetes (13,4% contra 5,0%).

Datos estadísticos difundidos por el Centro Nacional de Desordenes del Sueño de los Estados Unidos indican que un 30 a un 40% de las personas habrá experimentado problemas de insomnio en algún momento del año, mientras que un 10 a un 15% padece la forma crónica de la enfermedad. Los resultados de una encuesta realizada sobre 1770 pacientes en las ciudades de Buenos Aires, San Pablo y México D. F., revelaron a su vez que una de cada cuatro personas percibe su calidad de sueño como “moderadamente afectada” y “muy afectada”, en tanto que una de cada diez declaró percibirla afectada “levemente”. Se trata, por lo visto, de un trastorno extremadamente frecuente a nivel mundial pero que, afortunadamente, puede ser tratado exitosamente.

En la actualidad, la utilización de hipnóticos constituye uno de los tratamientos farmacológicos más frecuentes y efectivos para el insomnio. En dicho campo ha surgido recientemente una interesante novedad: la aparición de un versión sublingual de la droga hipnótica zolpidem, de efecto casi inmediato, que permite conciliar el sueño en pocos minutos.

Otro de los beneficios comprobados de este novedoso medicamento es la mejora en la calidad del sueño, al permitir a los pacientes con insomnio experimentar menos despertares a lo largo de la noche, aumentando su tiempo total de descanso. Para el doctor Kriguer, “el zolpidem sublingual puede resultar beneficioso cuando otros métodos medicamentosos no han sido útiles en los pacientes que se despiertan en medio de la noche o que no pueden conciliar el sueño, o en los que se despiertan muy temprano (4 o 5 horas antes del horario en que acostumbran despertarse)”.

Por su parte, el doctor Javier Domínguez, especialista en medicina del sueño del Hospital Dr. César Milstein, afirmó que “la forma farmacéutica sublingual y la posibilidad de ajustar el tratamiento de a media dosis facilita la posología para cada caso y para cada día. En nuestra experiencia, usamos esta forma como fortalecimiento de los cambios en las costumbres. Nos permite usar menos en los días que menos lo necesita y más en el día que es más necesario, como por ejemplo la noche entre domingo y lunes, que es donde más afectado se encuentra el ritmo circadiano por la inercia del fin de semana”.

Fuente: La Nación

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¿Masticar más para comer menos?

Viernes, 5 de Agosto de 2011

Masticar la comida 40 veces, en lugar de las 15 veces promedio, reduce casi un 12% el consumo de calorías, publicó American Journal of Clinical Nutrition.

El equipo de Jie Li, de la Universidad Médica de Harbin en China, le sirvió un desayuno típico a 14 hombres obesos y a 16 con peso normal, todos jóvenes, para comprobar si había diferencia en cómo masticaban la comida y si masticarla más haría que comieran menos y se modificaran los valores de azúcar o de las hormonas que regulan el apetito.

El equipo halló una relación entre la cantidad de veces que se mastica la comida y los niveles de varias hormonas que “le dicen al cerebro cuándo empezar a comer y cuándo dejar de hacerlo”, dijo el coautor del estudio, Shuran Wang.

Masticar más estuvo asociado con una reducción en sangre de la grelina, una hormona que estimula el apetito, y un aumento de la CCK, una hormona que reduciría las ganas de comer.

Esas hormonas “podrían ser blancos muy útiles para el tratamiento de la obesidad en el futuro”, dijo Wang, ya que regular sus niveles ayudaría a controlar mejor el apetito.

Los autores no hallaron diferencias entre el tamaño de los mordiscos de ambos grupos, ni relación entre el tiempo que masticaban la comida y los niveles de glucosa o de insulina.

Dado que el estudio era pequeño y sólo tuvo en cuenta a hombres jóvenes, no necesariamente pude predecir cómo masticar más puede influir en la cantidad de calorías que consumen otros grupos.

Aun así, la reducción del 12% de las calorías que consumió el grupo que masticó la comida 40 veces podría traducirse en una disminución significativa del peso corporal.

Si una persona reduce un 12% la cantidad de calorías que ingiere, adelgazaría unos 11 kilogramos en un año, estimó Adam Drewnowski, director del Centro para la Investigación de la Obesidad de la University of Washington en Seattle.

Pero, dado que la dieta promedio incluye alimentos que no se mastican, como la sopa y el helado, indicó que la cantidad real de peso que se adelgazará por masticar más sería mucho menor.

“Supongo que si una persona mastica cada bocado 100 veces o más, terminaría comiendo menos. Pero no estoy seguro si podría ser una medida viable para prevenir la obesidad”, agregó Drewnowski, que no participó del estudio.

A pesar de las limitaciones de la investigación, sus autores sostienen que es necesario seguir estudiando la relación entre los hábitos alimentarios y la obesidad para frenar un problema de salud pública creciente en el mundo.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC por su sigla en inglés), más de un tercio de los adultos norteamericanos son obesos.

La obesidad es un factor de riesgo importante de varias enfermedades, como las cardiopatías y la diabetes. Un estudio de la Institución Brookings estimó en 2010 que el costo de la obesidad en los Estados Unidos supera los 200.000 millones de dólares por año.

Fuente: Infobae.com

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La actividad leve protege el cerebro

Miércoles, 3 de Agosto de 2011

NUEVA YORK.- Para aquellos que deseamos mantener el cerebro en forma y saludable en la mediana edad y más allá, últimos descubrimientos científicos ofrecen algo de tranquilidad. La actividad física es clave, aunque los científicos aún no probaron que el ejercicio proteja de ciertas enfermedades, como el Alzheimer. Pero ¿qué sucede con la pérdida de memoria más mundana, que comienza a partir de los 30, y cuando las llaves del automóvil y los nombres empiezan a desvanecerse? No es Alzheimer, pero preocupa.

Varios estudios que acaban de publicarse se ocuparon de esas preguntas. En el más alentador de todos, un equipo de Canadá midió el gasto de energía y funcionamiento cognitivo de un grupo grande de adultos mayores entre 2 y 5 años. La mayoría de los voluntarios no hacía ejercicio y casi ninguno tenía un trabajo muy exigente físicamente. Sus actividades consistían en “caminar alrededor de la cuadra, cocinar, arreglar el jardín, limpiar y ese tipo de tareas”, dijo Laura Middleton, profesora asociada de la Universidad de Waterloo, Ontario, y autora principal del estudio, publicado la semana pasada en Archives of Internal Medicine .

Aun así, para Middleton, los efectos de esas actividades en el cerebro fueron sorprendentes. Mientras los voluntarios sedentarios obtenían resultados cada vez más bajos en los tests anuales de función cognitiva, el grupo más activo sufrió poco deterioro. El 90% de los que más energía gastaban a diario podía razonar y recordar casi igual año tras año.

“Nuestros resultados indican que el ejercicio vigoroso no es necesario” para proteger la mente, dijo Middleton. “Pienso que eso es alentador. Debería inspirar a aquellos a los que les preocupa la sola idea de tener que hacer ejercicio o levantarse y moverse.”

El mismo mensaje surgió de otro estudio publicado la semana pasada en la misma revista. Durante 5 años, se hicieron tests cognitivos y entrevistas sobre las actividades diarias a un grupo de mujeres de 70 años con enfermedad vascular o factores de riesgo de desarrollarla. De nuevo, entre ellas no había maratonistas: la participante más activa caminaba. Pero los investigadores detectaron “una reducción de la velocidad del deterioro cognitivo” en las más activas. La capacidad de recordar y razonar seguía disminuyendo, pero no tan rápido como en las sedentarias.

“Si una persona inactiva de 70 años avanza hacia la demencia a 80 km/h, cuando tenga 75 o 76 lo hará a 120 km/h”, dijo Jae H. Kang, profesor asistente de medicina del Hospital de Brigham y las Mujeres de la Escuela de Medicina de Harvard, y autor principal del estudio. “Pero las mujeres activas de 76 años en nuestro estudio avanzaron hacia la demencia a unos 80 km/h.” Caminar y otras actividades suaves les aseguró 5 años de mejor capacidad cognitiva.

“Si pudiéramos alejar la aparición de la demencia 5, 10 o más años, cambiaríamos la dinámica del envejecimiento”, sostuvo el doctor Eric Larson, vicepresidente de investigación del Group Health Research Institute, de Seattle, y autor de un artículo editorial sobre los dos estudios. “Nadie quiere perder su capacidad mental”, agregó. De modo que el creciente cuerpo de pruebas científicas de la relación entre la actividad física y una mejor función cognitiva “es una llamada de atención. Tenemos que encontrar la forma de que todos se muevan”.

Eso es justamente lo que hace tan atractivo un estudio publicado este mes en Neurobiology of Aging . Para aquellos a los que no los enloquece la idea de caminar o arreglar el jardín, un equipo de la Universidad de Columbia Británica y de otras instituciones demostró por primera vez que el entrenamiento suave con pesas mejoró la capacidad de razonar y el flujo sanguíneo de un grupo de mujeres.

Tras 12 meses de levantar pesas dos veces por semana, las participantes rendían significativamente mejor en las pruebas de capacidad de procesamiento mental que un grupo (control) de mujeres que habían realizado un programa para mejorar el equilibrio y el tono muscular. Imágenes por resonancia magnética funcional revelaron que las zonas del cerebro que controlan el pensamiento permanecían más activas en el grupo que había hecho pesas.

“No estamos tratando demostrar que levantar pesas es mejor que la actividad aeróbica” para retrasar el deterioro cognitivo, indicó Teresa Liu-Ambrose, autora principal del estudio. “Pero sí que existe una opción viable. Si las personas la disfrutan, como lo hicieron nuestras participantes, entonces muchos más podríamos, potencialmente, retrasar el deterioro mental hasta mucho más avanzada la vida.”

Fuente: La Nación

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Cada vez hay más alérgicos a la leche y la soja

Miércoles, 3 de Agosto de 2011

“Que tu alimento sea tu medicamento.” Esta sentencia que Hipócrates formuló hace casi 2500 años ya es parte de la cultura popular. Tal vez, por eso sorprende que, según estudios internacionales, entre el 5 y el 8% de la población sufra de alergia a ciertos alimentos que pueden provocarle desde cólicos o urticaria hasta una reacción potencialmente mortal, conocida como anafilaxia.

Es más: numerosos trabajos científicos sugieren que la prevalencia de la alergia a los alimentos está aumentando.

Un estudio de 2008 del Centro Nacional de Estadísticas de Salud de los Estados Unidos calcula que, entre los menores de 18 años, esa condición creció un 18% entre 1997 y 2007. Otro, publicado el mismo año en el Journal of Allergy and Clinical Inmunology, indica que en Australia las admisiones hospitalarias por anafilaxia a los alimentos aumentaron un 350% en la década anterior. Esto es en el hemisferio norte, pero la situación podría ser similar al sur del Ecuador, según afirma el doctor Mário Vieira, que coordina la Unidad de Gastroenterología Pediátrica del hospital Pequeño Príncipe, de Curitiba, que el jueves y viernes pasados presidió en esta ciudad una reunión internacional de especialistas, promovida por una empresa productora de alimentos.

Las alergias alimentarias se presentan con mayor frecuencia entre los chicos. “En Brasil, mostramos en un estudio que cerca del 5% tiene alergia a la proteína de la leche -dice Vieira-. No sabemos exactamente por qué está creciendo su incidencia, pero creemos que es por dos razones: porque hay un verdadero incremento o porque la percepción de la población y de los médicos se hace mayor.”

El doctor Gustavo Marino, jefe de Alergia e Inmunología del Hospital Universitario Austral, que este año representará a la Argentina como primer país latinoamericano en la Alianza Internacional contra la Alergia Alimentaria y la Anafilaxia, destaca que es un trastorno muy subdiagnosticado.

“En el hospital, tenemos una estadística que actualmente asciende a 3200 pacientes -precisa-. Algunos tienen reacciones muy graves y llegan a terapia intensiva. A tal punto esto es frecuente que hacemos un congreso anual para que ellos se capaciten en cuestiones tan variadas como leer la etiqueta de un producto o actuar ante una reacción grave. El próximo será el 20 de agosto ( www.congresodepacientes.com ).”

Según Marino, los síntomas de este trastorno pueden dividirse entre tempranos, a los 20 minutos de haber ingerido cierto alimento, y tardíos, que se presentan alrededor de dos horas más tarde. Las manifestaciones incluyen desde rinitis o asma, a problemas en la piel, cólicos, diarrea, vómitos o distensión abdominal, entre otros. “La anafilaxia, mal llamada edema de glotis, incluye todo esto al mismo tiempo: prurito, falta de aire, arritmia cardíaca, lipotimia…”, explica.

Con respecto a la Argentina, agrega: “La leche de vaca está al tope del ranking de alergenos alimentarios, seguida de la soja, que aporta el 69% de las proteínas que se consumen en el mundo, muchas veces integrando otros alimentos procesados. Las siguen el trigo, el huevo y el maíz”. En los Estados Unidos, el primer lugar del podio es para el maní. Un caso singular es la alergia al látex: hay alimentos que comparten con él algunos componentes, por lo que es probable que una persona con alergia al látex tenga una reacción después de comer kiwi, banana, palta o manzana.

Cuidado con los bebesLa alergia a la proteína de la leche es un problema de cuidado en lactantes que por alguna razón no son amamantados.

“Hay niños que tienen reacciones en minutos -explica Vieira-, y en otros pueden presentarse manifestaciones después de días o semanas. Los síntomas no siempre son fácilmente reconocibles, pero incluyen cólicos, reflujo intenso, eczema o urticaria, sangre en las deposiciones o broncoespasmo.”

“Es muy importante hacer un diagnóstico correcto -agrega el doctor Christian Boggio Marzet, profesor de gastroenterología pediátrica de la Facultad de Medicina de la UBA, y jefe de la Sección de Gastroenterología y Nutrición del hospital Pirovano-. Se emplea lo que llamamos una prueba de supresión y provocación. Se quita la fórmula sospechosa de provocar problemas, se observa si el chico mejora y después se reintroduce para ver si los síntomas vuelven a aparecer. En ese proceso, uno utiliza algún tipo de preparado que no contenga proteína de la leche y que sea nutricionalmente adecuado.”

En los más pequeños, cuanto más tardíamente se interviene, mayor impacto tiene el cuadro: “Estos chicos tienen una curva de crecimiento aplanada [crecen menos]“, dice Boggio Marzet. Y agrega Vieira: “En nuestros estudios, el 25% de los pacientes con alergia a la proteína de vaca tienen baja ganancia de peso, pero una vez que comienza el tratamiento hay una recuperación”. Ambos especialistas subrayan que las deficiencias nutricionales durante el primer año repercuten tanto en el rendimiento escolar como en la esfera conductual y en otros aspectos de su vida.

Según el doctor Edgardo Smecuol, de la Sección Intestino Delgado del hospital Udaondo, es importante no confundir la alergia a la leche con la intolerancia a la lactosa por falta de una enzima, la lactasa, que la degrada.

“En los adultos, el diagnóstico exige perspicacia del médico y se hace por exclusión”, afirma.

Las alergias alimentarias también pueden confundirse con colon irritable (alternancia entre diarrea y constipación).

“Se lo reconoce por descarte -dice Marino-; entonces, muchas veces se pasa por alto un cuadro alérgico.” El paciente no sólo debe tener síntomas gastrointestinales, sino también respiratorios o dermatológicos.

“La alergia es sistémica -dice-. Afecta a varios órganos y guarda cierta cronología con el alimento. Muchas madres nos cuentan que sus hijos no querían ir al colegio y después descubrimos que al tomar el vaso de leche les duele la panza.”

Por ahora, teoríasLa pregunta del millón es por qué aumentan. Hay teorías, pero ninguna probada. “La higiene podría tener un papel importante en estos fenómenos -dice el doctor Julio Bai, jefe del Departamento de Medicina Interna del hospital Udaondo-. Por la desaparición de parásitos y otros microorganismos, el sistema inmunológico podría reaccionar en forma desmedida.”

Por ejemplo, continuó, “un estudio sueco realizado en dos poblaciones genéticamente similares a ambos lados de su frontera con Rusia mostró mayor prevalencia de enfermedad celíaca en la de mayor nivel socioeconómico. Con respecto al trigo, algunos piensan que el problema tiene que ver con la elaboración transgénica que puede haber aumentado alguna proteína destinada a proteger de las infecciones al cereal en concentraciones mayores dentro del gluten.”

Por ahora, los especialistas recomiendan estar atentos y, ante la duda, consultar.

EL RANKING ARGENTINO1.- La leche de vaca
La alergia a la proteína de la leche es preocupante en los bebes. Los síntomas incluyen cólicos, eczema o urticaria.

2.- La soja
Es un alimento que aporta el 69% de las proteínas que se consumen en el mundo. Muchas veces, forma parte de otros alimentos procesados.

3.- El trigo
Contiene una proteína, el gluten, que causa síntomas similares a los de la celiaquía, como cólicos y distensión abdominal, en personas sensibles.

4.- El huevo
La alergia a este alimento es la segunda en importancia entre los chicos. Afecta a entre 1,5 y el 3,2% de ellos, y suele curarse antes de los 16 años.

5.- El maíz
No es el que más casos produce, sino el característico de la Argentina, así como la alergia al maní en los EE.UU.

Fuente: La Nación

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Rige desde hoy la ley para celíacos

Jueves, 5 de Mayo de 2011

Luego de dos años de idas y venidas, el Poder Ejecutivo reglamentó ayer la ley que les permitirá a más de 400.000 argentinos acceder sin pasar tantas penurias al único tratamiento disponible de por vida para la enfermedad celíaca: la dieta sin gluten, que multiplica hasta por cuatro el presupuesto de alimentos que necesita un hogar.

La llamada “ley celíaca” se fundamentó en los enormes inconvenientes que estos pacientes tienen para conseguir en cualquier comercio algo nutritivo y sabroso sin poner en riesgo la salud. Es que aun trazas de gluten (la proteína de la semilla del trigo, la avena, la cebada y el centeno, TACC), incluso una ensalada o un bife “contaminados” durante su preparación, pueden alterar el proceso de recuperación de las vellosidades intestinales perdidas por esta enfermedad autoinmune. Cuando eso sucede, el organismo no absorbe los nutrientes de los alimentos.

La enfermedad celíaca puede aparecer a cualquier edad, con o sin síntomas. Los más comunes son la diarrea crónica, la fatiga, la constipación, el reflujo gástrico, la distensión abdominal, la sequedad de la piel y el cabello, la pérdida de peso inexplicable y el retraso del crecimiento y/o el desarrollo en los chicos, entre otros.

Para comprobar los problemas que existen para conseguir alimentos libres de gluten, LA NACION acompañó a un grupo de celíacos a almorzar en pleno microcentro porteño.

La recorrida fue bastante infructuosa: tras una hora y media de búsqueda en maxiquioscos, casas de comida, bares y restaurantes, , un tiempo del que no dispone el empleado promedio, no encontraron dónde poder sentarse a comer sin tener que pagar de más por tratarse de productos aptos para celíacos o con la tranquilidad de que la preparación de un plato reúna algunos requisitos básicos.

“Sería muy bueno que se hagan talleres informativos con personal gastronómico -sugirió Etel Ruiz, de 53 años y con diagnóstico de celiaquía desde hace seis-. Como nada viene rotulado, es muy difícil que los restaurantes puedan preparar platos que sean aptos para nosotros. Como celíaca no quiero un menú especial, sino que se tengan cuidados mínimos en la preparación. Como hervir el arroz en un agua distinta de la de las pastas, cocinar el bife en una parrilla donde no se calentó también pan o freir las papas en un aceite en el que no se cocieron milanesas.”

Mientras el grupo avanzaba por la calle Florida hacia Viamonte, descartaban lugares y proponían alternativas. Ni siquiera aceptaron bajar al patio de comidas de un centro comercial en la esquina de la avenida Córdoba y Florida. “No hay nada y eso que está en el centro de una ciudad como Buenos Aires”, lanzó ante una sugerencia para aprovechar el tiempo Nora Gribnicow, contadora pública de 50 años. A ella un parto, hace 14 años, le disparó la enfermedad.

“Hay una dietética unas cuadras para allá -propuso-. Sí, pero nos queda lejos. Hay otra más cerca, pero no tiene dónde sentarse ni productos listos para comer”, respondió Celina Bo, abogada y madre de dos hijas celíacas, Morena (14) y Carola (10).

En una compra a mediados del mes pasado, Celina gastó 326 pesos. Según el ticket, por dos medialunas con una harina mezcla apta para celíacos pagó 17,5 pesos. “En casa gastamos 1100 pesos por mes en alimentos especiales para las dos. Antes, la Obra Social del Poder Judicial de la Nación nos cubría una parte, pero dejó de hacerlo”, indicó mientras caminaba por la avenida Córdoba.

Quedaban atrás maxiquioscos y casas de venta de comidas por las calles Viamonte, donde la abogada Rosana Feliciotti se quejó después de revisar góndolas: “No hay nada al paso que nos pueda satisfacer”. En su caso, la aparición de aftas en la boca y una anemia fueron síntomas suficientemente sospechosos que precedieron al diagnóstico, hace cuatro años.

A metros de Maipú y Viamonte, hace poco abrió una pequeña sucursal una reconocida casa de comidas para celíacos. “Debería haber más oferta. Los lugares exclusivos para celíacos son algo así como un gueto y los precios son más caros -dijo Nora-. En cualquier bar o restaurante tendría que haber opciones con la indicación clara en el menú de que son libres de gluten o que, al preguntar, no te miren raro.”

Una hora y media después, aún con el estómago vacío, entraron en un restaurante de Córdoba y Esmeralda. Tras mirar el menú durante 10 minutos, la decisión fue unánime: agua y gaseosas. “No nos podemos arriesgar a los imprevistos”, coincidieron. Sorprende pensar en cuánto debe confiarle una persona celíaca a un desconocido, como un mozo. “Y sí. Le explico que soy celíaca, que no puedo comer tal o cual alimento, y sólo me queda confiar en lo que me responda. El tema es tratar de minimizar el riesgo”, agregó Etel.

Ahora, con la reglamentación de la ley, esto debería resolverse, ya que la norma determina la rotulación de los alimentos libres de gluten. También se deberá elaborar una guía de buenas prácticas para la elaboración correcta de esos productos.

Fuente: La Nación

 

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Dormir poco aumentaría el riesgo cardíaco

Domingo, 27 de Marzo de 2011

La contradicción que se presenta entre nuestras sociedades “abiertas” las 24 horas y nuestros genes, que sintonizan con los mismos ritmos de sueño y vigilia que hace miles de años, no conduce a nada bueno. Es más: dormir menos de lo necesario o a horas inadecuadas, además de ponernos irritables, restarnos capacidad de concentración y aumentar nuestra propensión a los accidentes, podría promover varias de las condiciones que integran el síndrome metabólico, un trastorno vinculado con la ateroesclerosis y que afecta a entre el 10 y el 25% de la población mundial.

Tal es la principal conclusión a la que acaba de llegar un equipo de investigadores que analizó una treintena de estudios sobre la falta crónica de sueño. “Hemos creado un mundo atemporal, donde el sueño se retacea cada vez más o se interrumpe constantemente -afirma el doctor Daniel Cardinali, investigador de las facultades de Medicina de la UBA y de la Universidad Católica Argentina, y primer autor del trabajo que acaba de publicarse en Neuroendocrinology -. Y la realidad es que estas casi dos horas del tiempo dedicado a dormir que hemos perdido en 40 años están comenzando a golpear muy fuerte en nuestra salud.”

Según Cardinali y sus colegas de la Universidad Complutense de Madrid, este mundo en el que vivimos no corresponde a las necesidades de nuestro organismo y eso tiene un impacto insoslayable en nuestro delicado y complejo engranaje fisiológico.

“En varios trabajos se ve con claridad cómo los genes del reloj biológico que regula la periodicidad circadiana cambian su secuencia normal en individuos que comen una dieta hipergrasa -explica Cardinali-. No solamente la carencia de sueño aumenta el riesgo de la obesidad, sino que además los excesos en la dieta están perturbando los mecanismos de sincronización de nuestras funciones biológicas. Se crearía algo así como un círculo vicioso.”

La obesidad es precisamente uno de los componentes del síndrome metabólico, un cuadro caracterizado además por una medida de cintura que exceda los 102 cm en los hombres y los 88 cm en las mujeres, altos niveles de triglicéridos (superiores a 150 mg/dl), bajo colesterol “bueno” (menos de 40 mg/dl de HDL), hipertensión (más de 130/85 mmHg) y altos niveles de glucemia (más de 110 mg/dl de glucosa en sangre).

Para los investigadores, la alteración sostenida de los relojes circadianos puede desquiciar nuestro metabolismo. Esto comenzó con la iluminación artificial y se acentuó con la difusión de los medios de comunicación y la globalización.

“Según consta en registros de la época, en el medioevo las personas llegaban a dormir hasta 16 horas con dos tipos de sueño -cuenta Cardinali-: la primera parte, muy vinculada con la fatiga del día, y luego una segunda mucho más electiva, después de un intervalo en el que la gente se despertaba. Cada período onírico era seguido por un semidespertar, y más de una vez me he preguntado cuánto del materialismo del ser humano contemporáneo se debe a la pérdida de ese estado que debe haber sido el momento en que uno se conectaba con los mitos, con las leyendas… En ese momento no había fuentes artificiales de iluminación, que tenían un costo fenomenal. El mundo cambió sustancialmente con el desarrollo de la energía eléctrica.”

Aunque actualmente existe consenso acerca de que la actual epidemia de síndrome metabólico se debe a un exceso de comida, tanto Cardinali como las investigadoras españolas Pilar Cano, Vanesa Jiménez-Ortega y Ana Esquifino sugieren que la alteración de los ritmos circadianos debidos a las dietas hipergrasas y los cambios en el estilo de vida, como la actividad durante la noche, cambian el equilibrio del sistema nervioso autónomo y resultan en hipertensión, deficiencias en la absorción muscular de glucosa, hiperinsulinemia, aumento de la grasa intraabdominal e hígado graso.

“Un creciente número de estudios epidemiológicos muestran una asociación entre la falta de sueño y la diabetes tipo II”, escriben.

Y más adelante agregan: “Un estudio encontró que sujetos que dormían menos de seis horas tenían el doble de riesgo de desarrollar diabetes, incluso después de descartar factores como la edad, la circunferencia de cintura, el tabaquismo y la educación”.

Según el cronobiólogo Diego Golombek, investigador del Conicet y la Universidad de Quilmes, que no participó en este trabajo, “en años recientes se encontró una relación estrecha entre el reloj biológico y el metabolismo, que se ve reflejada en situaciones patológicas como la obesidad o el síndrome metabólico. Se sabe que si este reloj anda mal (tanto sea por desperfectos internos o por la falta de sincronización con el ambiente) aumenta la incidencia de enfermedades metabólicas, así como de eventos cardiovasculares y hasta de cáncer. Incluso se ha encontrado que en ratones mutantes para genes relacionados con el reloj circadiano aparecen síntomas de obesidad, hiperglucemia e hiperlipidemia, que obviamente se asemejan al síndrome metabólico humano”.

Agrega Golombek: “En trabajadores con turnos rotativos, cuyos ritmos biológicos diarios se encuentran claramente perturbados, se ha demostrado una mayor incidencia de trastornos metabólicos (incluyendo un aumento en el colesterol «malo» y una disminución del «bueno»).En definitiva, las agujas del reloj biológico apuntan a todo el cuerpo, y cuando están fuera de hora en forma crónica, nos enfermamos.”

Para comprobar que estamos durmiendo lo que necesitamos, Cardinali recomienda no fijarse en la noche, sino en el día: “Si hay somnolencia durante la vigilia, hay que preocuparse”, dice. Entre sus consejos figuran, además, no comer demasiado de noche, no dejar el teléfono celular prendido al lado de la cama y, cuando se pueda, dormir la siesta.

DIXIT

“El sistema circadiano está preparado de una forma que nuestra civilización no respeta”.

Fuente: La Nación

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Las amenazas para la salud de las argentinas

Martes, 8 de Marzo de 2011

Según parece, hay “deberes” que las mujeres argentinas no están haciendo en cuanto al cuidado de su salud. En los últimos cinco años, la obesidad y el sedentarismo crecieron más en ellas que en ellos. Y, junto con el tabaquismo en adolescentes y adultas, completan la tríada de amenazas que más preocupan a los especialistas.

“Mientras que en 2005 la obesidad era más alta en los hombres que en las mujeres, hoy es al revés. Su frecuencia pasó del 14 al 19% en las mujeres y del 15 al 17% en los hombres en estos cinco años. Y con el sedentarismo pasa lo mismo”, dijo el doctor Adolfo Rubinstein, presidente del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS). Es que, a diferencia de lo que se podría pensar, por la concurrencia a los gimnasios o las plazas, la falta de actividad física en las mayores de 18 creció un 11,5% (del 47 al 58,5%) en este último lustro. En la población masculina, en cambio, un 4,5%, según la II Encuesta Nacional de Factores de Riesgo.

Esto, según el Ministerio de Salud, se traduce en 2 millones de mujeres que dejaron de hacer ejercicio, como caminar 30 minutos por día, y alrededor de 500.000 más obesas.

Un resultado positivo es un leve descenso del tabaquismo en el país. Pero, según expertos, se trata de una reducción insuficiente para un factor de riesgo tan peligroso para la salud del corazón, los pulmones, el cerebro y, también, del embarazo.

“Un descenso global del 2% en los mayores de 18 es muy pequeño. Es cierto que es el único indicador que mejoró un poquito, pero no lo suficiente en cinco años”, señaló la doctora Verónica Schoj, directora de la Fundación Interamericana del Corazón (FIC) en la Argentina.

Ambos especialistas coincidieron en atribuir ese descenso a las normas provinciales y municipales de ambientes libres de humo, entre otras medidas.

“Sigue siendo un problema muy preocupante; una epidemia que necesita una respuesta que sólo puede darse con una ley nacional como la que espera la aprobación del Congreso, y que incluye ambientes libres de humo, advertencias sanitarias y restricción de la publicidad del tabaco -explicó Schoj-. El consumo de tabaco en las mujeres creció muchísimo; la mortalidad por cáncer pulmonar y las enfermedades cardiovasculares es un reflejo de esa tendencia de las últimas tres décadas.”

Y es tan imperioso reducir el consumo que el Comité para la Eliminación de toda forma de Discriminación de las Mujeres, de la ONU, le recomendó el año pasado a la Argentina promulgar “legislación que prohíba fumar en espacios públicos y restringir la publicidad del tabaco”. Esto, luego de que un grupo de expertas internacionales observó “con preocupación” el consumo de tabaco entre las argentinas y sus “graves” consecuencias para la salud. “Las mujeres -indica el escrito enviado a las autoridades argentinas- suelen ser las destinatarias de campañas publicitarias que alientan y aumentan el consumo de tabaco.”

Un repaso por los últimos estudios locales serios sobre los principales problemas femeninos permite trazar un mapa del estado de situación.

El corazón

A pesar de que la mujer suele enfermar del corazón diez años más tarde que el hombre, “evoluciona con peor pronóstico. Por lo tanto, ser mujer podría ser un factor de riesgo adicional”, precisó la doctora Melina Huerín, jefa de Cardiología del Instituto Cardiovascular Lezica. A través de una serie de recomendaciones con motivo de cumplirse hoy 100 años de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, la especialista recordó que 1 de cada 3 mujeres muere hoy por causas cardiovasculares. “Mientras los hombres tienen más infarto agudo de miocardio, las mujeres sufren más de angina de pecho y accidente cerebrovascular”, indicó. El sobrepeso, la obesidad y el tabaquismo son tres factores de riesgo cardiovascular.

Los huesos

Según un relevamiento realizado por la Fundación Internacional de Osteoporosis, 1 de cada 3 argentinas mayores de 50 tiene esa enfermedad que debilita los huesos y los hace más propensos a las fracturas y las microfracturas, en especial de cadera, vértebras y muñecas. El estudio demostró también que sólo 1 de cada 4 mujeres supera la menopausia con una densidad ósea normal.

Otro problema que crece más en las mujeres que en los varones son las disfunciones de la articulación temporomandibular (ATM), que nos permite abrir y cerrar la boca. La Sociedad Latinoamericana de Cirujanos de ATM afirmó que afectan a 4 mujeres por cada varón, principalmente menores de 30, y las causas incluyen el estrés y los hábitos nocivos, como comer chicle o morderse las uñas.

Las mamas

Cada año, según el Instituto Nacional del Cáncer, se registran unos 18.000 nuevos casos de cáncer de mama. Es la primera causa de muerte por tumores en la población femenina. “Cuando se lo detecta en sus estadios iniciales, es curable casi en un 100%, pero para eso es clave la mamografía”, indicó el doctor Antonio Lorusso a través de un comunicado de la Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer (Lalcec).

Aumentó un 12% la realización de mamografías entre las mayores de 40 relevadas en ocho regiones del país; el Papanicolaou creció casi un 9 por ciento.

Los pulmones

Mientras en 2005 fumaba el 24,9% de las mujeres mayores de 18, actualmente lo hace un 2,5% menos. No así en las adolescentes de entre 13 y 15 años, que, según la Encuesta Mundial de Tabaquismo en Jóvenes, fuman más que los varones (27,3% versus 21,1%).

Pero, a pesar del leve descenso del tabaquismo en el resto de los grupos etarios, el cáncer de pulmón crece sin pausa un 1,7% anual en la población femenina desde hace 30 años. En cambio, en los varones disminuye un 2% cada año.

Además, según un estudio en 15 centros dirigido por la doctora Susana Nahabedian, del hospital Eva Perón, de Lanús, fuma el 35,8% de las embarazadas y el 40% de ellas no abandona durante la gestación. Eso sí, el IECS advirtió que sólo el 10% recibe ayuda para abandonar el cigarrillo.

La maternidad

Entre 2000 y 2008 se atrasó la edad en que las argentinas tienen su primer hijo. Según un estudio de la Sociedad Argentina de Endocrinología Ginecológica y Reproductiva, un 3,33% menos mujeres son madres entre los 20 y los 29, mientras que un 2,96% más lo son entre los 30 y los 45 años.

Fuente: La Nación

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