La idea de que existen corrientes de energía circulando por el cuerpo aún provoca estremecimientos de ciertos círculos científicos. No obstante, esa idea es la vía única de acceso al conocimiento y la aplicación de la medicina china tradicional. A lo largo de toda esa red energética se encuentran, dentro de una precisa topografía, los puntos que trabajan técnicas como la acupuntura, el shiatzu o el do-in.
Pese a que eran especialistas en un sistema de energía de localización subcutánea, los médicos chinos no pasaron por alto la existencia de otros circuitos energéticos, en diferentes niveles de profundidad del cuerpo: en los huesos, la musculatura, los vasos sanguíneos, e incluso fuera de la piel envolviendo al cuerpo. Cada nivel de energía, dotado de una autonomía relativa, corresponde a un aspecto funcional del todo psicosomático. El nivel subcutáneo, donde actúan las técnicas chinas mencionadas, representa una actividad fisiológica comparable a la función neurovegetativa. A diferencia del tratamiento sintomático, cuando apenas uno o algunos puntos específicos son trabajos específicos son trabajos para los problemas que se relacionan con ellos, la práctica diaria de los ejercicios del automasaje do-in constituye un tratamiento completo de los sistemas de energía del organismo. De carácter esencialmente preventivo, esta visita sistemática del territorio corporal por los caminos de la energía incluye una serie de manipulaciones tales como presión, flexión, amasar, percusión, torsión, pellizcos, masaje lineal, estiramiento y liberamiento y liberación de articulaciones.
Santuarios de energía
El objeto de la práctica es la liberación de las áreas de resistencia al flujo de energías, por la desconcentración y vitalización de esas regiones estratégicas y la consiguiente regeneración de las funciones correspondientes. Este es facilitado por las extensas cartografías desarrolladas a partir de la intuición y clarividencia de los antiguos,hoy confirmados por los experimentos científicamente confiables, donde las áreas, los puntos las líneas freferenciales se destacan en el cuerpo como santuarios de fuerzas que organizan la actividad psicosomática.
Como sistema de autotratamiento, esta práctica, además de perfeccionar el funcionamiento del organismo y dejarlo menos propenso a enfermedades, también permite una lectura precoz de las condiciones generales de salud mediante la decodificación de las señales iniciales de la enfermedad, es decir sus conductos enérgicos obstruidos en las áreas crónicamente contraídas. Todo ello convierte al do-in en un ejercicio sistemático de reflexión y autoconocimiento.
Aquí introducimos una secuencia básica de ejercicios que, por naturaleza lúdica, pueden ser fácilmente adoptados por un niño. El objetivo final es despertar el interés del niño por el trabajo sobre el propio cuerpo y concientizarlo de las posibilidades disponibles en sus propias manos. En otras palabras, iniciarlo en una actividad que no constituye un fin en sí misma sino que, por el contrario, incita a la creatividas en la investigación de provincias inexploradas del territorio somático.
Es cierto que en el do-in y otras técnicas chinas se habla de puntos, meridianos y áreas correspondiente a funciones orgánicas; más cabe recordar recordar que, para la óptica china, tales funciones revelan insospechosas relaciones de orden psicosomático. Lo cual significa que esta topografía enérgica regristra, en regiones privilegiadas del cuerpo, la naturaleza holística del organismo y sus formas peculiares de interación funcional.
Es innecesario recalcar que la serie aquí expuesta no pretende ser completa o definitiva. Las maniobras simples que la constituyen, a pesar de permitir la estimulación general del sistema de energía y beneficiar funciones específicas, son poco más que meras sugerencias para el ejercicio de prestar atención al propio cuerpo, con vistas a la concientización y al refinamiento estético de sus múltiples expresiones de vida. Es comprensible que al niño le falte la iniciativa y la disciplina necesarias pa mantenar regularmente la práctica, y es igualmente comprensible que el estímulo y el ejemplo deban partir del adulto que, por otra parte, es quien más necesita de tales cuidados preventivos y reparadores.
Tornar la actividad más atractiva para el niño es una tarea que puede exigir un poco de creatividad por parte de padres y educadores. Por lo tanto , vale repetir que la serie sugerida es lo suficientemente flexible para aceptar modificaciones, supresiones y acrecentamientos, en la medida que ciertas mormas sean preservadas. De ella, la más importante: las manipulaciones deben siempre desarrollarse en el sentido del flujo de los meridianos.
















