El Yoga es una ciencia, arte y filosofía de vida psicofísica-espiritual, que integra estos tres
planos de la existencia del ser humano entre sí y al individuo con el Universo, lo Supremo,
Dios o el Todo, mediante el SAMADHI o estado de plenitud existencial, felicidad, dicha.
La primera técnica enseñada en los Sutras, ha sido el viyoga o sea, la capacidad de separar lo
espiritual de la mente y el cuerpo. Nosotros somos lo que sentimos, porque lo espiritual de
nosotros y de algo es lo que se siente en un momento determinado, generando un estado
afectivo.
El Yoga enseña a desarrollar la inteligencia espiritual del ser humano, entendiéndola como
capacidad de adaptación afectiva, sentimental y anímica de un individuo a su entorno. Esta
capacidad de adaptación espiritual, permite al yogui sobrellevar sentimientos y situaciones que
a otras personas les resultarían insoportables.
El yogui, como cualquier practicante de Yoga, aprende a sentir. Comienza a entender y
aprender que él, no sólo es lo que piensa o cree (mente) o lo que a su vez, hace mediante
actos (cambios físicos del mismo cuerpo y de las cosas que lo rodean: acciones). El yogui,
comienza a entender que su espíritu es lo que él mismo siente. Y comienza a saber que es
más importante Ser que Tener. Es más importante ser médico, actor o profesor de Yoga, que
tener un título de médico, actor o profesor de Yoga. Es más importante ser feliz, que tener cara
de felicidad. Porque la felicidad nunca se tiene, siempre se logra cuando se es feliz. La libertad
es poder ser, porque el tener es siempre pasajero. Para ser uno mismo, uno debe aprender a
ser. Y para aprender a ser, uno debe comunicarse con su ser interior, con sus sentimientos,
pasiones y anhelos, con sus afectos y estados anímicos. Nuestro mundo afectivo es nuestro
espíritu.
Si decimos que la inteligencia espiritual del ser humano es la capacidad de adaptación afectiva,
sentimental y anímica de un individuo a su entorno, el Yoga como ninguna otra ciencia, nos
permite trabajar en la inteligencia afectiva (capacidad de entender y adaptarse a los
sentimientos y afectos de los otros), así como nos permite trabajar con la inteligencia
emocional (capacidad de entender y adaptar las emociones a nuestro ser).
La finalidad del Yoga, no es integrar psicofísica-espiritual al ser humano, la finalidad del Yoga
no sólo es la integración social y eto-ecológica del individuo, la finalidad del Yoga, hace 5000
años, es el Samadhi, esa experiencia de Plenitud existencial que nos integra con Dios, el
Universo o el Todo. Y esa experiencia sólo se logra con la educación espiritual y cuando
decimos educación espiritual, no nos referimos a educación religiosa ni a religiosidad. Ser
espiritual no significa ser religioso y ser religioso, no ciertamente significa ser espiritual. Nos
referimos a que el espíritu y la espiritualidad se pueden transitar desde el mismo arte; pocas
cosas son tan espirituales como el arte. El arte es la expresión del espíritu. El arte expresa
nuestros sentimientos. Si entendemos esta visión podemos comprender como una asana o
postura de Yoga, puede llegar a ser espiritual simplemente por la actitud (predisposición a un
acto).
El vocablo Yoga, significa integrar o atalajar. Integrarme a algo, atalajándolo. Colocar el atalaje
a los caballos de tiro para luego guiarlos y así integrarme a ellos y al carro. Yog viene de Yug.
Yug significa unir y Yog integrar. Por esta razón, se puede decir YOG o YOGA.
Si bien el Yoga comienza con prácticas de técnicas psicofísicas, no es esta su finalidad, pues
estas técnicas son sólo la base de un desarrollo espiritual. Su objetivo es y ha sido, durante
5000 años, el espíritu.
Para entender esto es necesario definir el espíritu en términos científicos o noológicos. Los
estados espirituales son nuestros sentimientos y pasiones que tienen como sostén la emoción,
nuestro mundo afectivo y estados anímicos; eso es nuestro plano espiritual. La tristeza, alegría
o la felicidad son estados espirituales y son sentimientos, pues nuestro espíritu está compuesto
por sentimientos. Nuestro mundo interior son nuestros sentimientos.
En una primera definición del Yoga hace 2000 años, Yogacharya Patanjali afirmó:
“Yoga Chitta Vritti Nirodha”, lo que significa:
“El Yoga es el control de las vibraciones emocionales sobre la Mente”.
Los sentimientos, pasiones y emociones no son parte de nuestro mundo mental, pues la mente
sólo es el proceso de cogniciones del ser humano.
La mente tiene como unidad la idea y la imagen, con ellas elabora cadenas de ideas e
imágenes llamadas pensamientos, procesa recuerdos y creencias, pero sólo interpreta el
mundo espiritual, sin percibirlo en su totalidad.
Si la mente no capta nuestro espíritu, la vida carece de sentido. El sentido de la vida no es
físico y mucho menos es mental, el sentido de la vida es absolutamente espiritual.
Antes que nada, debemos entender un dato de la realidad que no se nos debe escapar: ser
espiritual no significa ser religioso. La religión es una cosa y la espiritualidad, otra.
El arte, por ejemplo, es noológicamente una disciplina espiritual, pero nada tiene que ver con la
religión. El artista siente y hace sentir, ese sentimiento que nace como consecuencia de su
obra y el estado que surge de la misma es espiritual.
La mayoría de la gente no tiene muy en claro cuál es la diferencia entre su mente y su espíritu.
En psicología, este esfuerzo de entender que lo espiritual es un plano diferente aunque
integrado a lo mental y físico, se lo debernos al Dr. Viktor Frankl (la Tercera Escuela
Psicológica de Viena, luego de Freud y Adler) y su aporte, que ha permitido separar la
Noología de la Psicología, para comprender la dimensión espiritual del individuo.
Así, hoy podemos comprender que sobre las tres inteligencias básicas, la mental, la corporal y
la espiritual, existen sub-inteligencias.
Clases de yoga en Buenos Aires
Sesiones de Shiatsu
Yoga Terapia
Yoga para empresas
[...] simbólico que sólo puede interpretar un sacerdote iniciado. Por cada trabajo original sobre el yoga, hay docenas de comentarios. Incluso en una sociedad que reconoce en el yoga su calidad [...]
[...] obra, quizá la más importante y conocida sobre el yoga, data del siglo sexto a. de C. Se trata de un poema incluido en la extensa leyenda épica [...]